Edición Familiar: Alegría colectiva (Ree 5779)

EDICION FAMILIAR: ALEGRÍA COLECTIVA (REE 5779)

Convenio y Conversación: Edición Familiar es una iniciativa nueva y emocionante de La Oficina del Rabino Sacks para 5779. Escrita como un acompañamiento al ensayo semanal Convenio y Conversación del Rabino Sacks, la Edición Familiar tiene como objetivo conectar a los niños mayores y adolescentes con sus ideas y pensamientos sobre la parashá.

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Esta Edición Familiar es una guía al ensayo principal de Convenio y Conversación para Ree 5779 que puedes leer aquí.

A continuación de los principios generales del Pacto, Moshé pasa a enfocarse en detalles específicos comenzando por la elección que se le presenta a Bnei Israel: Bendiciones si son fieles a las leyes de Dios, maldiciones si no lo son. Deben proclamar esto a la nación, en el Monte Guerizim y el Monte Ebal, cuando entren a la Tierra Prometida. Deben destruir todos los rastros de idolatría, y establecer un sitio central que Dios elegirá, donde ellos rendirán culto, ofrecerán sacrificios, y comerán comida santificada. Moshé entonces emite más advertencias sobre idolatría, los falsos profetas, animales limpios (puros) e inmundos, los diezmos, y el año Sabático, en el que las deudas deben ser canceladas y los esclavos Hebreos liberados. La parashá concluye con las leyes sobre las tres festividades de peregrinación a pie (Pesaj, Shavuot y Sucot), las que la nación debe celebrar junta.

Si tuviéramos que preguntarnos cuál es la palabra clave que Moshé repite una y otra vez en sus discursos de despedida sobre acerca de la sociedad en Israel, escucharíamos varias respuestas como justicia, compasión, reverencia, respeto, santidad, responsabilidad, dignidad, lealtad. Sería muy poco probable que alguien sugiera simjá, alegría.

Es una palabra que aparece solo una vez en cada uno de los otros libros de la Torá pero en Deuteronomio aparece doce veces, y siete de ellas en esta misma parashá, Reé.   Es un tanto sorpresivo que simjá se mencioné aquí tan seguido. La historia de los israelitas hasta ahora no ha sido alegre. Ha estado signada por el sufrimiento por un lado, la rebelión y el disenso por el otro. Sin embargo, Moshé plantea con toda claridad que la vida de la fe en la tierra prometida se trata de alegría. He aquí las siete veces en que él utiliza la palabra alegría en esta parashá:

  1. “En presencia del Señor vuestro Dios [en el Mishkán] vosotros y vuestras familias comerán y se     regocijarán por todo aquello sobre lo que han puesto su mano, pues el Señor vuestro Dios los ha bendecido.” (12:7)
  2. “Y ahí [en el Beit HaMikdash en Jerusalem] se regocijarán ante el Señor vuestro Dios, ustedes, vuestros hijos e hijas, vuestros servidores y servidoras y los levitas de vuestras ciudades” (12:12).   
  3. “Coman [la comida sagrada] en presencia del Señor vuestro Dios en el lugar que Él elegirá [en Jerusalem] – ustedes, vuestros hijos e hijas, vuestros servidores y servidoras y     los levitas de vuestras ciudades – y deberán regocijarse ante el Señor vuestro Dios en todo en lo que han puesto su mano.” (12:18)
  4. “Utilicen plata para comprar lo que quieran: ganado, ovejas, vino, cualquier otra bebida fermentada o cualquier cosa que deseen. Entonces ustedes y sus familias comerán allí en presencia del Señor vuestro Dios y se regocijarán.” (14: 26)   
  5. “Y regocíjense ante el Señor vuestro Dios [en Shavuot] en el lugar que Él elegirá como morada para Su nombre – ustedes, vuestros hijos e hijas, vuestros servidores y servidoras, los levitas en vuestras ciudades, los extranjeros, los huérfanos y las viudas que viven con ustedes.” (16:11).   
  6. “Alégrense en vuestra fiesta [en Sucot] – ustedes, vuestros hijos e hijas, servidores y servidoras, levitas, extranjeros, los huérfanos y viudas que viven en vuestras ciudades.” (16:14)   
  7. “Durante siete días [de Sucot] celebren la festividad del Señor vuestro Dios en el lugar, que el Señor vuestro Dios los bendecirá en todas vuestras cosechas y en todo el trabajo de vuestras manos, vuestra alegría será completa (vehaijta aj sameaj) (16:15)

Simjá se traduce habitualmente como alegría, regocijo, felicidad, placer o encanto. En realidad simjá tiene un matiz intraducible. Alegría, regocijo, placer o encanto son, como todos los estados de la mente, emociones. Pertenecen al individuo. Podemos experimentarlas en soledad. Por el contrario, simjá no es una emoción privada. Equivale a una alegría compartida. Es un estado social, experimentada como “nosotros”, no como “yo.” No hay tal cosa como sentir simjá en soledad.

Cada vez que se utiliza la palabra simjá en parashat Reé, se refiere a una experiencia grupal comunitaria de alegría. El mensaje que Moshé está dando aquí es que la nación se unirá naturalmente por las crisis, catástrofes o inminencia de guerra, pero el verdadero desafío, y el ideal, es que la unidad también se de en los buenos tiempo, a través de la celebración colectiva de la presencia de Dios.

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Qué tienen en común las siete veces que aparece la palabra simjá en la parashá de esta semana?
  2. ¿Puedes pensar en algún momento de tu vida en que experimentaste una simjá compartida? ¿Qué lo hizo tan especial?
  3. ¿Cuál fue el mensaje que Moshé estaba transmitiendo a los israelitas cuando puso su atención en el rol que tiene la simjá en estas mitzvot?

Hoy iba a ser un buen día. Natan podía sentirlo en sus huesos. Su Bar Mitzvá estaba a una semana de distancia, el sol brillaba, y en el partido que tocaba, el comenzaría en su posición favorita, en el ala derecha.
Mientras se ponía su camiseta roja con el número 14 en la espalda, el mismo que su jugador favorito, estaba seguro de ello. ¡Hoy iba a ser un buen día! Así que cuando tomó la pelota en la línea de central e irrumpió hacia el campo de los rivales, sabía que iba a anotar. Parecía como si la pelota estuviera magnetizada a sus pies mientras iba de izquierda a derecha, dejando un rastro de defensores descolocados a su paso.

Sus compañeros de equipo gritaban su nombre, desesperados porque se la pasara a ellos, pero Natan sólo tenía ojos para el arco. Finalmente, al enfrentar el arco, mano a mano con el arquero rival, bajó el hombro y fingió disparar a la derecha, y luego con un poder que le sorprendió incluso a él, disparó potente tiro a la esquina superior izquierda de la portería.

¡Goooolll! Un gol digno de su ídolo merecía su famosa celebración, y Natan realizó un salto mortal perfecto en el aire. Miró a su alrededor esperando a que sus compañeros de equipo se unieran a él para celebrar su maravilloso gol, pero simplemente se fueron. Poco después sonó el silbato final, corrió hacia a su mejor amigo, Gilad. «¿Por qué se alejaron de mí cuando anoté? ¿Cuál es tu problema?», dijo tratando de ocultar el dolor en su voz.

Gilad respondió. «Perdimos 3 a1, ¡¿o no te diste cuenta?!» Sólo una semana después entendió realmente la lección que debía aprender. Mientras Gilad y el resto de sus amigos lo levantaban en una silla, bailando y cantando en alegría y celebración, se dio cuenta de que la verdadera alegría es la que compartimos juntos. Ese día en el campo de fútbol, sólo él había sentido alegría, mientras sus compañeros de equipo estaban abatidos por la derrota. Hoy, en su día de Bar Mitzvá, ¡todos eran ganadores!

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Cuál era la diferencia entre la alegría experimentada por Natan después de anotar y la felicidad que sintió en la celebración de su Bar Mitzvá?
  2. ¿Crees que Natan hubiera experimentado mayor alegría si él no hubiera anotado, pero el equipo hubiera ganado?

Mientras que alegría, felicidad y placer son emociones que experimentan los individuos, la simjá no es una emoción privada. Es un estado social, la alegría compartida. Moshé elabora reiteradamente este concepto. Cuando te regocijes, dice una y otra vez, deben ser “ustedes, vuestros hijos e hijas, vuestros servidores y servidoras, los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas que viven en sus ciudades.” Un tema clave de la parashá Reé es la idea del Santuario central “en el lugar que elegirá Dios.” Como sabemos por la historia judía posterior, durante el reinado del Rey David, ese lugar era Jerusalem, donde el hijo de David, Salomón, eventualmente erigió el Templo.

Lo que está articulando Moshé por primera vez es la idea de simjá como regocijo comunitario, social y nacional. La nación debía unirse no solo por las crisis, catástrofes o inminencia de guerra, sino por la celebración colectiva de la presencia de Dios. Dicha celebración debía ser profundamente moral. No solo era esto un acto religioso de acción de gracias, sino también una forma de inclusión social. Ninguna persona debía quedar al margen: el extranjero, el servidor, o los que están solos (el huérfano o la viuda). En un pasaje destacado de Mishné Torá, Rambam destaca este punto en forma enfática:

Y mientras uno come y bebe, también es su deber alimentar al extranjero, al huérfano, a la viuda, y a otras personas pobres y carenciadas, pues el que cierra la puerta de su casa y come y bebe con su esposa y su familia sin dar algo de comer al pobre y al de alma amargada – su comida no será un regocijo del mandamiento Divino sino un regocijo de su propio estómago.”

La visión de Moshé permanece vigente al día de hoy. Occidente es más acaudalado de lo que ha sido cualquier otra sociedad hasta ahora. Nuestra expectativa de vida es mayor, nuestros niveles de vida más altos, nuestras posibilidades de elección más amplias que las de cualquier Homo Sapiens que haya pisado la tierra. Pero las sociedades occidentales no son, dentro de lo mensurable, más felices. Los índices más evidentes de infelicidad – el exceso de alcohol, las drogas, enfermedades depresivas, síndromes relacionados con el estrés, desórdenes alimenticios, etc. – se han incrementado entre el 300 y el 1000 por ciento en el lapso de dos generaciones. ¿Por qué?

Un hombre le escribió al Rebe de Lubavitch: “Yo estoy deprimido. Yo estoy solo. Yo siento que mi vida no vale nada. Yo trato de rezar, pero no me salen las palabras. Yo cumplo con las mitzvot pero no encuentro paz. Yo necesito la ayuda del Rebe.” El Rebe le mandó una respuesta brillante, sin escribir una sola palabra. Simplemente subrayó la primera palabra de cada frase y le mandó la carta de vuelta. La palabra subrayada en cada caso era “yo.”

Nuestra tendencia natural es siempre pensar en primera persona singular: yo quiero, yo necesito, yo debo tener. Hay muchas cosas que se pueden lograr con la primera persona del singular pero no podemos alcanzar la simjá solos – porque simjá es la alegría que compartimos. Ese, dijo Moshé antes de que los israelitas entraran en su tierra, sería su mayor desafío. El sufrimiento, la persecución, un enemigo común, une a la gente y la transforma en nación. Pero la libertad, la riqueza y la seguridad lleva a la nación a ser un conjunto de individuos, cada uno persiguiendo su propia felicidad, frecuentemente indiferentes al destino de los que tienen menos, los que están solos, los marginados, los excluidos. Cuando esto ocurre, las sociedades comienzan a desintegrarse. En el pico de su buena fortuna, comienza el largo y lento proceso de desintegración.

La única manera de evitarlo, dijo Moshé, es compartir tu felicidad con otros, y en el medio de esa celebración nacional colectiva, servir a Dios. Las bendiciones no se miden por cuánto poseemos o ganamos o gastamos, sino por cuánto es lo que compartimos. Simjá es la marca de una sociedad sagrada. Es el sitio de la alegría colectiva.

Una vida ética es una forma de celebración. Hacer el bien no es algo doloroso, un deber forzado, un regaño de la conciencia. La palabra clave aquí es simjá, normalmente traducido como ‘alegría’. Lo que realmente significa es la felicidad que compartimos, o mejor aún, la felicidad que creamos al compartir. Además de ser una de las grandes declaraciones de dignidad individual, el judaísmo es una fe intensamente comunal, no sólo un asunto de un alma solitaria en busca de Dios… En cambio, se trata de compartir lo que tenemos, de ver las posesiones no tanto como cosas que poseemos sino más como cosas que nos fueron confiadas con ciertas condiciones, entre ellas que usemos parte de lo que tenemos para ayudar a otros. Esto no es abnegación. Si hay algo que he escuchado más seguido que cualquier otra cosa de aquellos que utilizan parte de su tiempo para servir a otros, es que reciben más de lo que dan. No quieren que se les agradezca, ellos quieren dar gracias. Al elevar a otros, se encuentran con que ellos mismos han sido elevados.

To Heal a Fractured World, p. 5

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿En qué se diferencia la definición de simjá encontrada en esta cita con la usada en Convenio y Conversación?
  2. ¿Cómo se conecta esta nueva definición con el mensaje de Convenio y Conversación?
  1. ¿Qué tienen en común las siete veces que aparece la palabra simjá en la parashá de esta semana?
  2. ¿Puedes pensar en algún momento de tu vida en que experimentaste una simjá compartida? ¿Qué lo hizo tan especial?
  3. ¿Por qué crees que Jerusalem y el Templo (o Santuario) también es parte de cada una de las siete mitzvot que requieren alegría?
  4. ¿Por qué es más difícil alcanzar unidad y alegría compartida en tiempos de abundancia que en tiempos difíciles?
  5. ¿Existe actualmente unidad y alegría compartida en la sociedad en la que vives? ¿Qué crees que se puede hacer para incrementarla?

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LA IDEA CENTRAL

  1. Cada mención habla de una mitzvá que implica celebración y alegría, y que se logra dentro de un grupo, ya sea una familia, una comunidad o la nación como un todo.
  2. Algunos ejemplos pueden ser cualquier alegría compartida, como un evento familiar o comunitario, o incluso con un grupo de amigos.
  3. La verdadera alegría sólo puede suceder cuando es compartida. La unidad también puede provenir de tiempos difíciles. Cuando la vida es buena, la gente tiende a enfocarse sólo en sí mismos. El desafío es tener unidad y una sociedad fuertes preocupada por todos sus miembros, incluso en tiempos de éxito y seguridad.

UNA VEZ SUCEDIÓ…

  1. La alegría que sintió Natan después de marcar el gol fue una alegría personal que no era compartida por sus compañeros, porque el equipo no ganó ese día. De hecho, ni siquiera formaron parte del gol que marcó Natan. Pero la alegría que sintió en la celebración de su Bar Mitzvá fue cuando todos sus amigos y su familia vinieron juntos y experimentaron una alegría compartida, como la simjá compartida en la parashá.
  2. La alegría de marcar un gol en forma individual es limitada y no tan poderosa como la alegría de todo el equipo trabajando junto para obtener la victoria. Natan eventualmente se dio cuenta que podría haber experimentado más alegría (incluso sin haber marcado un gol), si hubiera jugado como miembro del equipo y hubiera podido celebrar con sus compañeros un partido bien jugado. El equipo siempre es más grande que el jugador.

DEL PENSAMIENTO DEL RABINO SACKS

  1. En esta cita, el Rabino Sacks define simjá como “la felicidad que hacemos al compartir” en lugar de “alegría compartida”. Esto significa que la verdadera alegría se experimenta no sólo en un ambiente compartido, sino en el mismo acto de compartir y dar.
  2. El mensaje es que simjá es la alegría que se comparte en comunidad. Las mitzvot conectadas con la alegría que aparecen en la parashá aseguran una alegría compartida al forzar al pueblo a reunirse en Jerusalem para hacer una celebración del servicio a Dios. Esto fortalece la unidad y la comunidad de la sociedad, en la misma forma que compartir y dar son valores integrales de una sociedad saludable. Ambas definiciones de simjá alcanzan el mismo objetivo.

ALREDEDOR DE LA MESA DE SHABAT

  1. Ver La idea central, respuesta 1.
  2. Ver La idea central, respuesta 2.
  3. Jerusalem y el templo (y anteriormente el Mishkán) eran el foco central de toda la nación (de una forma muy similar a la que la capital de un país y los edificios del estado que allí se encuentran lo son para un país moderno). Son los lugares donde toda la nación se une en el servicio a Dios. Esto es crítico para alcanzar la alegría nacional compartida que estas mitzvot requieren.
  4. En tiempos de riqueza y seguridad, los individuos se encuentran a sí mismos enfocados solamente en sus propias vidas (y quizás olvidando el rol de Dios en su riqueza y seguridad, ver Convenio y Conversación 5779, Parashá Ekev) e ignoran la importancia de la unión comunitaria y de dar que se necesita para alcanzar esto. Cuando los tiempos son difíciles, económicamente o por una amenaza externa, los grupos naturalmente se unen para fortalecerse, y la unidad se alcanza en forma orgánica sin mucho esfuerzo o pensamiento.
  5. Aplicando la teoría presentada aquí a la sociedad en la que vives podría significar que las iniciativas que fomentan los valores de compartir y dar y voluntariado debieran aumentar la alegría y la unidad en la sociedad. Esta puede ser una oportunidad para animar a la gente alrededor de tu mesa de Shabat o grupo de discusión a pensar formas creativas y prácticas en que esto podría suceder.

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Esta Edición Familiar es una guía al ensayo principal de Convenio y Conversación para Ree 5779 que puedes leer aquí.

Traducción y edición

  • Iair Salem
  • Carlos Gómez
  • Inés Jawetz
  • Abraham Maravankin