Edición Familiar: Amando al extranjero (Mishpatim 5779)

EDICION FAMILIAR: AMANDO AL EXTRANJERO (MISHPATIM 5779)

Convenio y Conversación: Edición Familiar es una iniciativa nueva y emocionante de La Oficina del Rabino Sacks para 5779. Escrita como un acompañamiento al ensayo semanal Convenio y Conversación del Rabino Sacks, la Edición Familiar tiene como objetivo conectar a los niños mayores y adolescentes con sus ideas y pensamientos sobre la parashá.

Descarga la Edición Familiar de Mishpatim 5779 en PDF

Esta Edición Familiar es una guía al ensayo principal de Convenio y Conversación para  Mishpatim 5779 que puedes leer aquí.

A continuación de la revelación (donde Dios se revela a Sí mismo y comunica verdades religiosas) en el Monte Sinaí, Mishpatim se explaya sobre los detalles de algunas de las mitzvot. Estas son principalmente las leyes civiles que gobiernan a los israelitas: leyes referentes a esclavos y su liberación, leyes de daños personales y de propiedad, leyes de responsabilidad social, justicia y compasión, y leyes relativas a Shabat y las festividades religiosas. Termina con una confirmación del pacto, y Moisés ascendiendo a la montaña por cuarenta días.

Mishpatim contiene muchas leyes de justicia social – contra tomar ventaja sobre una viuda o un huérfano, por ejemplo, o aumentar los intereses en un préstamo, contra el soborno y la injusticia, etc. La primera y última de estas leyes, sin embargo, es el repetido mandamiento contra dañar a un guer, “un extranjero”.

No maltrates a un extranjero ni lo oprimas, porque ustedes han sido extranjeros en Egipto (Éxodo 22.20) No oprimas a un extranjero, tu sabes por tí mismo cómo se siente el ser un extranjero [literalmente “tú conoces el alma de un extranjero”] porque ustedes han sido extranjeros en Egipto.

Éxodo 23:9

Claramente hay algo fundamental en juego en la visión de la Torá sobre un orden social con gracia y justicia. ¿Cuál es la lógica de este precepto? El comentario mas profundo proviene de Najmánides. Según Najmánides el precepto tiene dos dimensiones: La primera es la relativa a la impotencia del extranjero. Él o ella no están rodeados por su familia, amigos, vecinos, una comunidad dispuesta a salir en su defensa. Por lo tanto la Torá advierte sobre el maltrato hacia ellos, porque Dios se ha hecho protector de aquellos que no tienen quien los proteja. Esta es la dimensión política del precepto.

La segunda razón, como ya lo hemos notado, es la vulnerabilidad psicológica del extranjero. El extranjero es una persona que vive fuera de la seguridad de su hogar y de su pertenencia. Está, o se siente, sola – y a través de la Torá, Dios es especialmente sensible al lamento de los oprimidos, los sentimientos de los rechazados, el llanto que no es escuchado. Esta es la dimensión emocional del precepto.

El Rabino Jaim ibn Attar (Ohr HaJaim) agrega una visión fascinante. Puede ser, dice, que como hijos del pacto, los judíos pueden menospreciar a aquellos que pertenecen al mismo linaje. Por eso les está ordenado no sentirse superiores a los extranjeros, sino recordar la degradación que sus ancestros experimentaron en Egipto. Es, dice, un precepto que se refiere a la humildad ante a los extranjeros.

De cualquier forma que lo miremos, hay algo impactante sobre la preocupación de la Torá por los extranjeros – junto con el recordatorio que “ustedes mismos fueron esclavos en Egipto”. La Torá parece suponer que estas leyes son importantes en la definición de lo que significa ser un judío.

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Por qué necesitamos que se nos recuerde que éramos extranjeros en Egipto? Ciertamente, ¡el precepto es lo correcto que se debe hacer de todos modos!
  2. ¿Cuál de las tres razones que mencionamos sobre el precepto encuentras más convincente? (a) El extranjero es débil en la sociedad y necesita protección (Najmánides), (b) El extranjero es emocionalmente vulnerable (Najmánides) (c) El mandamiento es una advertencia contra la arrogancia (Or HaJaim).
  3. ¿Cuál piensas que es la conexión entre estas leyes y la definición de qué significa ser un judío?

En 1966 un niño negro de 11 años se mudó con sus padres y su familia a un barrio blanco en Washington DC. Sentado con sus dos hermanos y dos hermanas en los escalones delanteros de la casa, esperó para ver cómo serían saludados. No lo fueron.

Quienes pasaban delante de ellos, se volvían a mirarlos, pero nadie les sonrió, ni siquiera les dieron una mirada de reconocimiento. Todas las historias terribles que había escuchado sobre cómo los blancos trataban a los negros parecían estar haciéndose realidad. Años más tarde, escribiendo sobre esos primeros días en su nuevo hogar, dice: “Sabía que no éramos bienvenidos aquí. Sabía que no nos querrían aquí. Sabía que no tendríamos amigos aquí. Sabía que no deberíamos habernos mudado aquí…”

Mientras reflexionaba sobre esos pensamientos, una mujer blanca que venía de su trabajo pasó por la vereda del frente. Se volvió hacia los niños y con una amplia sonrisa dijo: “Bienvenidos”. Desapareció dentro de su casa, y salió unos minutos más tarde con una bandeja cargada de bebidas y sándwiches que ella trajo a los niños, haciéndolos sentir como en casa. Aquel momento, el joven escribiría más tarde, cambió su vida. Le dio un sentido de pertenencia donde no lo había tenido antes. Le hizo darse cuenta, en un momento en que las relaciones raciales en los Estados Unidos aún era tensas, que una familia negra podía sentirse como en casa en una zona blanca y que podía haber relaciones prescindiendo del color. A lo largo de los años, aprendió a admirar mucho más acerca de la mujer al otro lado de la calle, pero fue ese primer acto espontáneo de saludo que se convirtió, para él, en un recuerdo definitivo. Rompió un muro de separación y convirtió a extraños en amigos.

Aquel joven hombre, Stephen Carter, es ahora un profesor de derecho en Yale, y eventualmente escribió un libro con lo que aprendió aquel día. Él lo llamó civilidad. El nombre de la mujer, nos dice el era Sara Kestenbaum, y falleció a una edad temprana. Él agrega que no era coincidencia que fuera una judía religiosa. En la “tradición judía”, acota, “esa civilidad se denomina “jesed – el hacer actos de bondad– que a su vez se deriva del entendimiento de que los seres humanos están hechos a imagen de Dios”. Agrega, “la civilidad en sí misma, puede ser vista como parte del jesed: en sí requiere de bondad hacia los demás ciudadanos, incluso a aquellos que sean desconocidos, e incluso cuando sea difícil”.

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Cuál es la conexión entre esta historia y La Idea Central?
  2. ¿Qué lecciones crees que podemos aprender de ésta historia?

El odio al forastero es una de las pasiones más antiguas, remontándose al tribalismo y la prehistoria de la civilización. Los griegos llamaron a los extranjeros “bárbaros” debido a que su extraña dicción (así les parecía a ellos) les recordaba el balido de la ovejas. (6) Los romanos también despreciaban a las razas no helénicas. Las páginas de la historia están manchadas de la sangre vertida debido a conflictos raciales o étnicos. Fue precisamente esto lo que el Iluminismo, la nueva “era de la razón,” prometió erradicar. Pero eso no ocurrió. En 1789 en la Francia revolucionaria, a la par que eran proclamados los Derechos del Hombre, se produjeron disturbios contra los judíos en Alsacia. El odio contra los trabajadores inmigrantes ingleses y alemanes persistió a lo largo del siglo XIX. En Marsella, en 1841 una turba de diez mil personas atacó a los italianos y sus propiedades. La aversión al diferente es tan antigua como la humanidad. Este hecho yace en el corazón de la experiencia judía. No es coincidencia que el judaísmo nació en dos viajes por fuera de las más grandes civilizaciones del mundo antiguo. El de Abraham fuera de la Mesopotamia, el de Moisés y los israelitas fuera del Egipto faraónico. La Torá es la protesta más grande del mundo contra los imperios y el imperialismo. La protesta tiene muchas dimensiones. Una de ellas es la que va en contra del intento de justificar la jerarquía social y el poder absoluto de los gobernantes en nombre de la religión. Otra es la subordinación de las masas al estado – ejemplificado en los monumentales proyectos de construcción, primero Babel, luego en Egipto y la esclavización implícita. El tercero es la brutalidad de las naciones durante las guerras (el tema de los oráculos de Amós contra las naciones). Sin duda, la trasgresión más seria – para los profetas, como para los libros mosaicos – era el uso del poder contra los indefensos: la viuda, el huérfano y sobre todo, el extranjero.

Ser judío es ser extranjero. Es difícil evitar la conclusión de que este fue el motivo por el cual a Abraham le fue ordenado dejar su tierra, su casa, la casa de su padre; ¿Por qué motivo, mucho antes de nacer Iosef, a Abraham le fue anunciado que sus descendientes serían extranjeros en una tierra que no sería la propia?; ¿Por qué Moisés debía sufrir el exilio personal antes de asumir el liderazgo del pueblo?; ¿Por qué los israelitas sufrieron persecuciones antes de heredar su propia tierra?; y ¿Por qué la Torá es tan insistente en que esta experiencia – la de repetir la narración de la historia en Pesaj, junto con el nunca olvidado gusto del pan de la aflicción y las hierbas amargas de la esclavitud – debía formar parte en forma permanente de su memoria colectiva?

El pensamiento del Iluminismo fue marcado por dos grandes intentos de basar la ética en algo más que la tradición. Uno perteneció al iluminismo escocés – David Hume y Adam Smith – quienes lo buscaron en las emociones: la compasión natural de un ser humano por otro. El otro fue construido por Immanuel Kant sobre la base de la razón. Era ilógico prescribir una regla ética para cierto pueblo y otras para otro. La razón es universal, argumenta Kant, por lo tanto una ética de la razón podría brindar respeto universal (“Trata a cada persona como un fin en sí mismo”).

Ninguno tuvo éxito. En el siglo veinte, aldeas y pueblos donde los judíos habían habitado por casi mil años atestiguaron su asesinato masivo o deportación a campos de exterminio con pocas o ninguna protesta. Ni la emoción de Hume ni la razón de Kant fueron lo suficientemente fuertes para inocular a Europa contra el genocidio. Siglos de odio inspirado por la religión se unieron a teorías pseudo-científicas de raza y darwinismo social (“la supervivencia del más apto” como lo expresa Herbert Spencer) para relegar a poblaciones enteras – principalmente, los judíos – a la categoría de sub-humanos.

Retrospectivamente, es aterrador percibir cuán seriamente tomó la Torá el fenómeno de la xenofobia, el odio al extranjero. Es como si la Torá estuviera diciendo con la máxima claridad: el razonamiento es insuficiente. La simpatía, inadecuada. Sólo la fuerza de la historia y la memoria tiene el peso suficiente para contrarrestar el odio.

La Torá pregunta: ¿Por qué no odiar al extranjero? Porque una vez estuviste parado donde está él ahora. Conoces el corazón del extranjero porque una vez fuiste extranjero en la tierra de Egipto. Si tú eres humano, también lo es él. Si él es menos que humano, también lo eres tú. Debes luchar contra el odio en tu corazón. Como luché Yo en contra del más grande emperador del más grande imperio del mundo antiguo por ti. Y te transformé en el arquetipo del extranjero del mundo para que puedas luchar por los derechos de los extranjeros – por los propios y por los de los otros, donde sea el lugar en que estés, con cualquier color que tenga tu piel o cualquiera sea tu cultura, porque aunque no sean a tu imagen, dice Dios, lo son sin embargo a la Mía.

Hay una sola respuesta suficientemente fuerte para contestar la pregunta: ¿Por qué no debiera yo odiar al extranjero? Porque el extranjero soy yo.

No hay otro lugar donde se pueda ver en forma más evidente la singularidad de la ética bíblica que en su tratamiento del problema que ha demostrado ser el más difícil en la historia de la interacción humana, concretamente el problema del extranjero, aquel que no es como nosotros. La mayoría de las sociedades en casi todos los tiempos han sospechado de los extranjeros y han sido agresivas hacia ellos. Eso es entendible, incluso natural. Los extranjeros no son familiares. Vienen de afuera de la tribu. Ellos se paran fuera de la red de reciprocidad que crea y sostiene comunidades. Eso es lo que hace que los libros Mosaicos sean inusuales en la historia del pensamiento moral. Como nos hacen notar los rabinos, la Biblia Hebrea ordena en un precepto “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, pero en no menos de 36 ocasiones nos ordena a “amar al extranjero”

The dignity of difference, p.58

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Por qué es natural sospechar de los extranjeros en la sociedad?
  2. ¿Por qué debemos nosotros ser diferentes?
  1. ¿Cuál es la diferencia entre las dos versiones de este precepto en la parashá de esta semana?
  2. ¿Cuál es el mensaje detrás de los dos grandes viajes judíos en la Torá?
  3. ¿Qué crees que quiere decir el Rabino Sacks cuando escribe “ser judío es ser un extranjero”?
  4. De acuerdo a las ideas compartidas aquí ¿Por qué es tan importante que la historia judía haya comenzado con la esclavitud en Egipto?
  5. ¿Cuál es el vínculo entre estos preceptos y la identidad central de ser judío?

¿Quieres ganar un Sidur con los rezos diarios semanales de Koren Aviv? Este Sidur ha sido diseñado para ayudar a los jóvenes a explorar su relación con Dios así como los valores, historia y religión de su pueblo. Envía un correo electrónico a: CCFamilyEdition@rabbisacks.org con tu nombre, edad, ciudad y una pregunta u observación sobre la parashá de Convenio y Conversación Edición Familiar. Los participantes deben ser menores de 18 años. Cada mes seleccionaremos dos de las mejores, y ambos recibirán un Sidur dedicado por el Rab Sacks! Gracias a Koren Publishers por la amabilidad de donar estos maravillosos Sidurim.

LA IDEA CENTRAL

  1. Claramente es el comportamiento ético correcto proteger al extranjero. Sin embargo, a veces “lo correcto” basado en la lógica no es suficiente para recordar cómo se debe actuar. Entonces la Torá nos da una razón aún más poderosa – una razón emocional, porque con ver sólo un poco bajo la superficie, recordamos emocionalmente como nación lo que se siente ser extranjero (tanto en la antigüedad como en tiempos más recientes)
  2. Las tres razones son convincentes. Es interesante reflexionar sobre el hecho que las razones expuestas por Najmánides se enfocan en el extranjero, mientras que la de Or HaJaim se enfoca en nosotros.
  3. Quizás la Torá está sugiriendo aquí que esta es la razón por la cual la historia judía comenzó con la experiencia de la esclavitud en Egipto (y quizás también explica el tema de exilio y persecución a lo largo de la historia judía) – para crear una memoria nacional que ayude al pueblo judío a ser éticos en su forma de tratar al débil o “el otro” en la sociedad.

UNA VEZ SUCEDIÓ…

  1. Sara Kestenbaum personificó la cualidad judía de jesed, y Stephen Carter describe su ejemplo de mostrar preocupación por el extranjero como un comportamiento intrínsecamente judío.
  2. Además del mensaje de la importancia de cuidar al extranjero, hay muchas otras lecciones más pequeñas que se pueden aprender de esta historia, por ejemplo cómo un pequeño acto puede tener un gran impacto, y el efecto expansivo (quién sabe cuántas personas han sido afectadas por Stephen Carter y su carrera, que claramente fue impactado por Sara Kestenbaum y su pequeño acto).

DEL PENSAMIENTO DEL RABINO SACKS

  1. Sólo es natural sospechar de aquellos que no están dentro de nuestra red y nuestra comunidad, que normalmente está basada en familias, etnias o creencias. El hombre es una criatura tribal, que forma comunidades de reciprocidad e interés mutuo, y es su naturaleza percibir como una amenaza a aquellos fuera de estos grupos.
  2. La Torá nos está pidiendo que nos elevemos sobre estas inclinaciones naturales y sugiere que la historia judía nos motiva a hacer exactamente eso. La Torá exige que vivamos nuestras vidas de acuerdo a estos valores y que construyamos una sociedad basada en ellos, de forma de ser modelos de estos valores como parte de la misión nacional judía.

ALREDEDOR DE LA MESA DE SHABAT

  1. La primera versión nos ordena no maltratar al extranjero, y la segunda a no oprimirlo. Los sabios explican que la primera es abuso verbal y la segunda es causar daños monetarios.
  2. Tanto la travesía de Abraham como la de los israelitas al momento del Éxodo fueron movimientos para alejarse de los poderes mundiales de ese tiempo. Ellos son una protesta contra los poderes imperialistas que estaban fundados en la opresión del extranjero en la sociedad.
  3. La experiencia de la historia judía ha sido ser el forastero en la sociedad. Desde nuestros comienzos en Egipto como una minoría oprimida, a un pequeño estado nación rodeado por poderes mundiales en tiempos bíblicos, a un pueblo disperso y errante, vivir la experiencia de ser el extranjero en la sociedad ha sido la forma judía en los últimos 2000 años. El judaísmo como sistema de pensamiento también experimenta esto cuando es frecuentemente contra-cultural, presentando un sistema de pensamiento y ética que frecuentemente se encuentra a sí mismo en contraposición a la cultura principal de ese tiempo.
  4. Ver “La Idea Central”, pregunta 3.
  5. La identidad central del judío es una basada en la experiencia histórica de ser un extranjero en la sociedad, y el sistema de valores de la Torá que se basa en la idea que todos los seres humanos son creados a imagen de Dios, y por lo tanto merecen ser tratados de igual forma, con respeto y dignidad. La misión nacional judía es ser modelo de estos valores, básicamente creando una sociedad que los refleje.

Descarga la Edición Familiar de Mishpatim 5779 en PDF

Esta Edición Familiar es una guía al ensayo principal de Convenio y Conversación para  Mishpatim 5779 que puedes leer aquí.

Traducción y edición

  • Iair Salem
  • Carlos Gómez
  • Myriam Rozengurt
  • Inés Jawetz
  • Abraham Maravankin
  • Leila Blanca