Dios y los extranjeros (Vaierá 5779)

Dios y los extranjeros (Vaierá 5779)

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Dios se apareció ante Abraham en la planicie de Mamré, mientras estaba sentado en la entrada de su tienda en el calor del día. Alzó la vista y vio, y he aquí que tres hombres estaban parados frente a él. El los percibió y fue corriendo hacia ellos desde la entrada de la tienda y se prosternó hacia la tierra…(18: 1- 2)

Así comienza la parashá Vaierá con una de las escenas más famosas de la Biblia: el encuentro de Abraham con los tres enigmáticos extranjeros. El texto los llama hombres. Descubriremos luego que, en realidad, eran ángeles de Dios, teniendo cada uno de ellos una misión específica.

A primera vista el capítulo parece simple, casi como una fábula. Sin embargo, resulta complejo y ambiguo. Consta de tres secciones:

  • Versículo 1: Dios aparece ante Abraham.
  • Versículos 2-16: Abraham se encuentra con los hombres/ángeles.
  • Versículos 17-33: Ocurre el diálogo entre Dios y Abraham acerca del destino de Sodoma.

La relación entre estas secciones está lejos de ser clara. ¿Representan una escena, dos o tres?

La posibilidad más obvia es que sean tres, cada una de las secciones mencionadas sería un evento separado. Primero, Dios se aparece ante Abraham, como explica Rashi, “para visitar al enfermo” (1) después de la circuncisión de Abraham. Luego llegan los visitantes con la noticia de que Sara tendrá un hijo. Por último, se desarrolla el gran diálogo sobre la justicia y el inminente castigo a los habitantes de Sodoma.

Maimónides sugiere que hay solo dos escenas: la visita de los ángeles y el diálogo con Dios. La primera frase no describe ningún evento; se trata, más bien, del encabezado del capítulo. (2) Nos dice que los eventos que siguen son todos parte de una revelación profética, un encuentro divino-humano.

La tercera posibilidad es que tengamos una única escena continua. Dios aparece ante Abraham, pero antes de que Él hable, Abraham ve a los caminantes y le pide a Dios que espere mientras les ofrece comida. Solo cuando han partido – en el versículo 17 – se vuelve hacia Dios, y la conversación comienza.

La interpretación del capítulo depende – y gira alrededor de – la forma en que traducimos la palabra Adonai en la apelación de Abraham: “Por favor Adonai, si he hallado favor en tus ojos te ruego que no pases de largo a Tu servidor” (18: 3). Adonai puede hacer referencia a uno de los nombres de Dios. También puede leerse como “mis señores” o “señores.” En el primer caso Abraham se estaría dirigiendo a Dios. En el segundo, a los caminantes.

La misma ambigüedad lingüística aparece en el capítulo siguiente(19: 2), cuando dos de los visitantes de Abraham – ahora descritos como ángeles – visitan a Lot en Sodoma:

Llegaron los dos ángeles a Sodoma al atardecer y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Los vio Lot y se puso de pie para recibirlos, y prosternó su rostro a la tierra diciendo “Les ruego, mis señores, diríjanse a la casa de su servidor, pernocten y lávense los pies y levántense al amanecer y prosigan su camino.” (19: 1-2)

Como no hay ningún elemento contextual que sugiera que Lot esté hablándole a Dios, parecería claro que en este caso Lot se refiere a los visitantes.

La lectura simple de ambos textos- el que concierne a Abraham, y el otro, el de Lot, sería leer la palabra consistentemente como “señores.” Varias traducciones inglesas adoptan ese mismo enfoque. Así aparece en la New English Bible:

El Señor se apareció ante Abraham…Alzó la vista y vio a tres hombres parados frente a él. Cuando los vio, corrió desde la abertura de su tienda para recibirlos y se prosternó hacia la tierra. “Señores,” dijo “Si he merecido vuestro favor, les ruego que no pasen de largo sin visitarme.”

La tradición judía, sin embargo, no concuerda.
Normalmente, las diferencias de interpretación de la narrativa bíblica no tienen implicancias halájicas. Son materia de legítimo desacuerdo. No obstante, el caso del interlocutor de Abraham es inusual porque al traducir Adonai como “Dios” que es un nombre sagrado, tanto en la escritura de la palabra por el escriba como la forma en que tratamos el pergamino o el documento que lo contiene, contiene exigencias especiales para la ley Judía. Si, por contraste, lo traducimos como “señor” o “mis señores,” no tiene ninguna santidad especial. La ley Judía define que en la escena con Lot Adonai se lee como “señores,” pero en el caso de Abraham se lee como “Dios.”

Este es un hecho extraordinario, pues sugiere que Abraham realmente interrumpió a Dios cuando Él estaba por hablar, pidiéndole que espere hasta que atienda a los visitantes. Según esta tradición, este pasaje debería leerse de esta forma:

Dios se apareció ante Abraham en la planicie de Mamré, mientras estaba sentado en la entrada de su tienda en el calor del día. Alzó la vista y vio, y he aquí que tres hombres estaban parados frente a él. El los percibió y fue corriendo hacia ellos desde la entrada de la tienda y se prosternó al suelo. (Tornándose hacia Dios) dijo: “mi Dios, si he hallado favor ante tus ojos, no dejes a tu servidor (O sea, por favor espera hasta que dé hospitalidad a estos hombres).” Se tornó hacia ellos y les dijo:) “Déjenme enviar a buscar algo de agua para que puedan lavarse los pies y descansar bajo este árbol…” (3)

Esta audaz interpretación se convirtió en la base de un principio del judaísmo: “Es más grande la hospitalidad que recibir a la Divina Presencia.”(4) Ante la elección de escuchar a Dios o dar hospitalidad a los que parecían seres humanos, Abraham eligió lo segundo. Dios accedió a su pedido y esperó hasta que Abraham les llevara comida y bebida antes de entablar el diálogo acerca del destino de Sodoma. ¿Cómo puede ser esto? Parecería, como mínimo, una falta de respeto, en el peor de los casos una herejía, anteponer las necesidades humanas a la presencia de Dios.

Lo que nos está diciendo este pasaje es de una profundidad inmensa. Los idólatras de la época de Abraham adoraban el sol, las estrellas y las fuerzas de la naturaleza como dioses. Adoraban el poder y lo poderoso. Abraham sabía, sin embargo, que Dios no estaba en la naturaleza sino más allá de ella. Hay una sola cosa en la naturaleza sobre la cual Él ha posado Su imagen: el ser humano, cada persona, poderosa o no.

Las fuerzas de la naturaleza son impersonales, razón por la cual los que las adoran pierden eventualmente su humanidad. Como está expresado en el Libro de Salmos:

Sus ídolos son de plata y oro, el trabajo de manos humanas.
Tienen bocas, pero no pueden hablar,
ojos, pero no pueden ver,
Tienen oídos, pero no pueden oír, narices pero no pueden oler…

Como ellos son los que los hacen,
Y todo aquel que confía en ellos.
(Salmos 115: 4-8)

No se puede adorar a fuerzas impersonales y seguir siendo una persona compasiva, humana, generosa, dispuesta a perdonar. Precisamente porque creemos que Dios es personal, alguien a quien podemos llamar “Tú”, es que honramos la dignidad humana como sacrosanta.

Abraham, el padre del monoteísmo, comprendió la verdad paradojal de que vivir una vida de fe es ver en la cara del extranjero una huella de Dios. Es fácil recibir a la Divina Presencia cuando Dios se presenta como Dios. Lo difícil es cuando la Divina Presencia viene oculta bajo la forma de tres anónimos transeúntes. Esa fue la grandeza de Abraham. Sabía que servir a Dios y dar hospitalidad a los extranjeros no eran dos cosas sino una.

En uno de los más hermosos comentarios sobre este episodio, el Rab Shalom de Belz nota que en el versículo 2 los visitantes hablan como parados por sobre Abraham (nitzavim alav), mientras que en versículo 8 Abraham es descrito como parado sobre ellos (omed aleihem). Al comienzo, los visitantes estaban más altos que Abraham porque eran ángeles y él, un mero ser humano. Pero cuando les dio comida y bebida, se irguió aún más alto que los ángeles.
Al elegir la más radical de las tres interpretaciones de Génesis 18, los sabios nos permitieron escuchar uno de los principios más fundamentales de la fe: Honramos a Dios honrando Su imagen en la humanidad.

SacksSignature

  1. Rashi sobre Bereshit 18: 1; Sotah 14a.
  2. Moré Nevujim 11: 42.
  3. Ver Shabat 127a.
  4. Id. ver también Shavuot 35b.
  5. Dover Shalom ad loc.; citado en Peninei Hasidut (Jerusalem.) a Bereshit 18: 2.

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Traductores

  • Carlos Betesh

Editores

  • Myriam Rozengurt

 

Un comentario

  1. Muy bueno! No podemos amar directamente al Creador, pues no podemos abrazarle ni besarle; no podemos darle comida ni bebida; Pero podemos amarle indirectamente, cuando amamos a aquellos que han sido hechos a su imagen y semejanza… Bendiciones!

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