Rabino Sacks Behaaloteja 5778 – Fe y amistad

Traductor: Carlos Betesh

Editor: Ben-Tzion Spitz

Fe y amistad

Behaaloteja 5778

Rabino Sacks Behaaloteja 5778 [PDF]

En la parashá de esta semana Moshé llega a su punto más bajo. No es para sorprenderse. Después de todo lo que ocurrió – los milagros, el éxodo, la partición del mar, el alimento caído del cielo, el agua surgente de la roca, la revelación del Sinaí incluyendo el pacto  – la gente, nuevamente, se quejaba de la comida. Y no porque tuvieran hambre, sino simplemente de aburridos. “Si sólo tuviéramos carne para comer! recordamos el pescado que comíamos gratuitamente en Egipto – los pepinos, los melones, el puerro, las cebollas, el ajo…” En cuanto al milagroso “alimento del cielo”, aunque servía para el sustento, ya no les producía satisfacción: “Ahora ya no tenemos apetito, no hay nada más para mirar que este maná!” (1)

Cualquier líder entraría en desesperación en un momento así. Lo que impacta es la profundidad del sentimiento de Moshé, la sinceridad con  que lo manifiesta, y la implacable honestidad con la que la Torá nos cuenta esta historia. Esto es lo que le dice a Dios:

“Por qué has causado estas tribulaciones a Tu servidor? Qué he hecho yo para desagradarte, para que Tú me hayas colocado la carga de todo este pueblo sobre mí? Acaso concebí yo a esta gente? Por qué me pides que los lleve en brazos, como niñera que lleva a un infante, a la tierra que Tú les has  juramentado a sus ancestros? … Si esta es la forma en que me vas a tratar, te pido que me quites la vida – si es que he hallado favor en Tus ojos – y no hagas que me enfrente con mi propia ruina” (2)

Todo líder, y quizás todo ser humano, en algún momento de su vida enfrenta el fracaso, la derrota y el amenazante abismo de la desesperación. Lo que es fascinante es la respuesta de Dios. No le dice a Moshé, “No te preocupes, debes recomponerte, tú eres más grande que todo esto.” En vez de eso le da un consejo práctico:

“Reúne para Mí setenta ancianos de Israel – voy a sacar algo del espíritu que está puesto sobre ti y lo colocaré sobre ellos, y ellos soportarán el peso de la gente junto contigo para que no tengas que cargarlo solamente tú.”

Es como si Dios le estuviera diciendo a Moshé: “Recuerda lo que te dijo tu suegro Jetro: no trates de liderar solo. No trates de vivir solo. Aun tú, el más grande de los profetas, eres un ser humano, y los humanos son animales sociales. Llama a otros. Elige asistentes. Termina con tu aislamiento. Hazte de amigos.”

Lo movilizante de este episodio es que en el momento de mayor vulnerabilidad emocional de Moshé, Dios Mismo le habla a Moshé como amigo. Esto es fundamental para el propio judaísmo. Para nosotros Dios no es (meramente) el Creador del universo, el Señor de la historia, el Soberano, el Dador de leyes y Redentor, el Dios de las mayúsculas. Es también cercano, tierno, amante: “Cura a los que se les ha quebrado el corazón y repara sus heridas” (Sal. 147: 3). Es como un padre: “Así como la madre tranquiliza a su hijo, Yo te consolaré” (Is. 66: 13). Él es como un pastor: “Aunque camine por el valle de la sombra de la muerte, no temeré ningún mal, pues Tú estás conmigo” (Sal. 23: 4). Él siempre está allí: “Dios está cerca de todos los que Lo llamen – de todos los que Lo llamen en verdad” (Sal. 145: 18).

En 2006, en el bien llamado Hope Square (plaza de la esperanza) cerca de la estación de tren de Liverpool Street en Londres, fue erigido un memorial en recordación del Kindertransport, la operación que salvó a diez mil niños judíos de la Alemania nazi poco antes de la declaración de la guerra. Durante la ceremonia una de las oradoras, una mujer octogenaria que fue una de las que salvaron, habló sentidamente de la calidez que sintió hacia el país que le dio refugio a ella y a sus compañeros kinder. En su alocución dijo algo que me dejó una impresión imborrable. Dijo: “Yo descubrí en Inglaterra que un policía podía ser un amigo.” Eso fue lo que diferenció a Inglaterra de Alemania. Y eso es lo que descubrieron los judíos hace mucho en Dios mismo. No es solo un poder supremo. Es también un amigo. Eso es lo que descubrió Moshé en la parashá de esta semana.

Los amigos cuentan. Modelan nuestras vidas. Cuánto lo hacen, es algo que fue descubierto por dos científicos sociales, Nicholas Christakis y James Fowler, a partir de datos del Framingham Heart Study. Este proyecto, iniciado en 1948, ha estudiado a más de 16,000 residentes de Framingham, Massachusetts, midiendo su frecuencia cardíaca, peso, valores sanguíneos y otros indicadores clínicos, tomados en un promedio de cada cuatro años. La finalidad era la de identificar los factores de riesgo de patología cardíaca. Sin embargo, Christakis y Fowler estaban interesados en otra cosa, principalmente en los efectos de la socialización. Tener amigos incide en la salud? y si fuera así, qué clase de personas son esos amigos?

Sus descubrimientos fueron impactantes. No solo tener amigos importa; también lo es tener amigos buenos. Si los amigos son delgados, activos, alegres y con hábitos sanos, es probable que uno también lo sea, y de igual forma, lo contrario. Otro estudio realizado en el año 2000, mostró que si en la universidad se tiene un compañero estudioso y trabajador, es probable que uno trabaje más. Un estudio en Princeton en 2006 mostró que si el hermano de una persona tiene un hijo, existe más de un 15 % de probabilidad de que esa persona siga sus pasos dentro de los dos años subsiguientes. Los hábitos son contagiosos. Se diseminan a través de las redes sociales. Hasta los amigos de los amigos y sus amigos pueden influenciar sobre el comportamiento. (3)

Jordan Peterson, en sus 12 Rules for Life, evalúa su propia experiencia y la de sus contemporáneos habitantes de una pequeña y aislada ciudad en Fairview, Alberta. Los que eligieron como amigos a una persona con movilidad social hacia un nivel superior, resultaron exitosos. En cambio, los que eligieron malas compañías terminaron mal, algunos de ellos, desastrosamente.  Podemos elegir malas personas como amigos precisamente porque elevan nuestra autoimagen. Si tenemos un defecto y sabemos que lo es, nos tranquiliza saber que la gente que nos rodea también lo tiene. Esto calma nuestra angustia, pero al precio de que sea casi imposible resolver nuestras deficiencias. De ahí su Regla Nº 3: busca hacerte amigo de los que desean lo mejor para ti. (4)

Nada de esto sería sorpresa para los sabios que remarcaron, por ejemplo, que las figuras claves de la rebelión de Koraj acampaban unas cerca de otras. De ahí concluyeron. “Ay de los malvados, y ay de sus vecinos!” Por el contrario, las tribus de Iehudá, Isajar y Zebulun lo hicieron cerca de Moshé y Aarón, y se distinguieron por su capacidad para el estudio de la Torá. De ahí “Feliz el justo y feliz su vecino.” (5) Y de ahí deriva el axioma de Maimónides:

“Es natural sentir la influencia en tu carácter y en tu conducta de tus amigos y asociados, y que sigas las costumbres de ellos. Por eso es importante asegurar que tus amigos sean virtuosos y que frecuentas la compañía de los sabios, para que puedas aprender la forma en que viven y para que puedas alejarte de las malas influencias.” (6)

O, como lo plantearon más brevemente los sabios: “Consíguete un mentor y adquiere un amigo para ti.” (7)

Al fin y al cabo eso es lo que le hizo Dios a Moshé, y ahí resolvió su depresión. Le dijo que reuniera setenta ancianos para compartir el peso del liderazgo con ellos. No había nada que ellos pudieran hacer que fuera imposible para Moshé: no necesitaba su asistencia práctica ni espiritual. Pero fue un alivio para su aislamiento. Compartieron su espíritu. Le dieron el regalo de su amistad. Es algo que necesitamos todos. Somos animales sociales. No es bueno estar solo. (8)

Es parte de la historia intelectual de Occidente el hecho de que desde sus inicios, la cristiandad se tornó más helenística que hebraica, y que la gente consideró que la finalidad principal de la religión era la de suministrar información (sobre el origen del universo, los milagros, la vida después de la muerte, etc.) De ahí el conflicto entre la religión y la ciencia, revelación y razón, fe y demostración. Estas son todas falsas dicotomías.

El judaísmo tiene ciertamente, creencias fundacionales, pero fundamentalmente acerca de algo totalmente distinto. Para nosotros, la fe es la redención de la soledad. Se trata de relaciones – entre nosotros y Dios, entre nosotros y nuestra familia, nuestros vecinos, nuestra gente, entre nosotros y la humanidad. El judaísmo no trata sobre la soledad del alma. Trata sobre los vínculos que nos ligan unos con otros y con el Autor de todo ello. Trata, en el sentido más elevado, sobre la amistad.

De ahí la idea que cambia la vida: tendemos a transformarnos en lo que son nuestros amigos. Por lo tanto: elige como amigos a personas que son lo que tú aspiras a ser.

SacksSignature

  1. 11: 4-6
  2. 11: 11-15
  3. Nicholas Christakis and James Fowler, Connected: the Surprising Power of our Social Networks and How They Shape our Lives. Little, Brown 2011
  4. Jordan Peterson, 12 Rules for Life, Allen Lane 2018 67-83
  5. Tanhuma (buber) Bemidbar 13; Bemidbar Rabbá , Koraj, 18: 5.
  6. Mishné Torá, Hijot Deot, 6: 1.
  7. Mishná Avot 1: 6.
  8. Génesis 2: 18.

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