Rabino Sacks Introducción a C y C 5778 – Ideas que cambian la vida

Traductor: Carlos Betesh

Editor: Ben-Tzion Spitz

Ideas que cambian la vida

Introducción a C y C 5778

Rabino Sacks Intro 5778 [PDF]

Qué es el judaísmo? Es una religión? Es una fe? Una forma de vida? Una serie de creencias? Una colección de mandamientos? Una cultura? Una civilización? Es todo eso, pero es sobre todo y enfáticamente, algo más.

Es una manera de pensar, una constelación de ideas: una forma de comprender el mundo y nuestro lugar en él. El judaísmo contiene ideas que cambian la vida. De esto quiero hablar en el Convenio y Conversación de 5778.

Muy poca gente habla de la fe en estos términos. Sabemos que la Torá contiene 613 preceptos. Sabemos que el judaísmo tiene creencias. Maimónides los formuló como los 13 principios de la fe judía. Pero estos no son todo lo que es el judaísmo, ni siquiera lo más distintivo.

El judaísmo fue y sigue siendo una forma deslumbrantemente original de pensar acerca de la vida. Tomemos uno de mis ejemplos preferidos: la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos (1776) y su frase más importante: “Tomamos estas verdades como evidentes en sí: que todos los hombres son creados iguales, que están dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables, entre ellos: la vida, la libertad, y la búsqueda de la felicidad.” Ésta es probablemente la frase más importante de la historia política moderna. Fue a lo que se refería Abraham Lincoln en la introducción del Mensaje de Gettysburg cuando dijo: “Hace ochenta y siete años nuestros padres trajeron a este continente una nueva nación, concebida en libertad, y dedicada a la propuesta de que todos los hombres son creados iguales.”

Lo irónico de esta frase, como he notado frecuentemente, es que estas “verdades” distan mucho de ser “evidentes en sí”. Hubieran resultado absurdas para Platón y Aristóteles que no creyeron que todos los hombres fueran creados iguales, y por lo tanto no tenían iguales derechos. Solo podrían resultar evidentes para una persona que había internalizado profundamente la Biblia hebrea y la revolucionaria idea expuesta en su primer capítulo, que hemos sido todos creados, independientemente del color, cultura, clase y credo, a la imagen y semejanza de Dios. Esta fue una de las ideas de cambio del mundo del judaísmo.

A partir de este ejemplo concluímos que se puede tener una idea, formularla en palabras y declararla ante el mundo, pero aún así hay que luchar para internalizarla y pelear para que se transforme en realidad. Thomas Jefferson, que fue el que redactó la Declaración de la Independencia, era dueño de esclavos. Evidentemente no incluyó a los negros y a los esclavos en su frase de “todos los hombres”. Ochenta y siete años más tarde, cuando Lincoln proclamó el mensaje de Gettysburg, el país estaba en guerra civil precisamente debido a ese tema.

Pero aunque a veces pueda llevar mucho tiempo, las ideas cambian al mundo. Algunos lo logran mediante invenciones importantes. Pensemos en algunas de las grandes ideas de esta era: la computadora, internet, buscadores en la web, software de redes sociales y teléfonos celulares. Todas debieron ser pensadas antes de materializarse. Como decimos (hablando de Shabat y la Creación) sof maasé bemashlavá tejilá, que más o menos quiere decir, primero hay que tener la idea; solo después llevar a cabo el acto que la transforma en realidad. El Shabat mismo, dicho sea de paso, es una de la ideas del judaísmo que cambiaron al mundo.

Pero a veces las ideas cambian el mundo porque nos cambian a nosotros. Son estas las ideas que quiero explorar este año, a través de la parashá semanal.

Ideas que cambiaron mi vida

Mi propia vida ha ido cambiando debido a ideas, no siempre exclusivamente judías, pero ideas al fin. He aquí tres ejemplos.

Hace más de veinte años inicié una organización llamada Continuidad Judía, cuyo objetivo era el de transformar a la comunidad judía, intensificando la educación en todos los niveles y edades. Fue exitoso, pero resultó extremadamente controvertido. El líder laico de la organización, el Dr. Michael Sinclair, fue una persona extraordinaria que destinó dinero, energía y tiempo al proyecto, y siempre tenía un pensamiento no convencional. En el momento culminante de la controversia lo invité a encontrarse con los rabinos de la comunidad para que pudieran transmitirle sus preocupaciones. La reunión no anduvo bien. Los rabinos fueron muy directos a lo largo de la discusión, pero el Dr. Sinclair mantuvo una absoluta calma. Cuando terminó el diálogo lo acompañé hasta el auto y le pedí disculpas por la forma en que lo habían tratado.

Me sonrió, me dijo que no me preocupara y dijo: ”Fue una experiencia formativa de carácter.”

A mí, en ese momento, la respuesta me produjo como un shock eléctrico, y me cambió la vida. He aquí un hombre que había dado tanto en forma voluntaria a la comunidad, y lo único que recibió fueron críticas. Me hizo recordar la famosa frase “Ninguna buena acción queda sin castigo.” A través de todo el proceso, pudo mantener la serenidad porque pudo dar un paso atrás frente a lo inmediato de ese momento, enmarcarlo dentro de una de las dificultades por las que tenía que atravesar para llegar a su destino, una que eventualmente lo fortalecería. Desde entonces, cuando tuve que enfrentar una controversia o una crisis, recordé que era “una experiencia formativa de carácter”. Y porque lo pensé así, así fue.

El segundo ejemplo: como tantas personas de hoy en día, tengo problemas para dormir. Tengo insomnio. En una ocasión se lo mencioné a mi maestro, Rab Najum Rabinovitch. Su reacción inmediata fue: me podrías enseñar a tener insomnio? Me encantaría, me dijo, poder no dormir, y mencionó un dicho rabínico “La luz de la luna fue hecha solamente para poder estudiar” (Eruvan 65a). Lo que yo sentía como una aflicción, él lo vio como una oportunidad. Durmiendo menos, podría estudiar más. No dejé de sufrir por no poder dormir (aunque me ayudó a relacionarme mejor con la frase de los Salmos “El guardián de Israel nunca dormita ni duerme”), pero me ayudó a reformular la situación. He podido emplear mejor las horas de insomnio.

Para mí, la creencia más transformadora en lo personal ha sido la idea de hashgajá peratit, la Divina providencia. Cuando algo inesperado ha ocurrido en mi vida, siempre me he preguntado, “Qué es lo que el Cielo me está tratando de decir? Cómo quiere que responda? Ya que esto ha ocurrido, cómo puedo transformar este momento en bendición?” Aprendí esto en mis encuentros tempranos con Jabad y con el Lubavitcher Rebbe. Lo aprendí en una segunda instancia, desde otro punto de vista, mediante el estudio de la obra de Viktor Frankl, el hombre que sobrevivió a Auschwitz y transformó sus experiencias en una nueva forma de psicoterapia, que él llamó “en busca del sentido del hombre.” Su visión fue que nunca nos debemos preguntar, “Qué es lo que quiero de la vida?” sino “Qué es lo que quiere la vida de mí?” Con alegría y asombro descubrí que el Rebbe era un admirador de la obra de Viktor Frankl. El resultado de esto es que una fuerte creencia en la providencia, o como lo llamo a veces, la vida como escucha, ha resultado en colmar mi vida de sentido. Para mí, nada simplemente ocurre. Siempre viene con un llamado para responder de alguna forma.

Las ideas cambian vidas.

Ideas judías

Los judíos contribuyeron al mundo con algunas de sus ideas más transformadoras. Vale la pena escuchar el testimonio de autores no judíos sobre este tema. Tomemos por ejemplo al historiador católico Paul Johnson: “A los judíos les debemos la idea de la igualdad ante la ley, tanto la divina como la humana; la santidad de la vida y la dignidad de la persona humana; de la conciencia individual y por lo tanto de la redención personal; de la conciencia colectiva y por lo tanto de la responsabilidad social; de la paz como ideal abstracto y el amor como fundamento de la justicia, y muchas cosas más, que constituyen la base moral de la mente humana.”

Otro historiador católico, Thomas Cahill, escribió lo siguiente: “Los judíos nos dieron el Adentro y el Afuera – nuestra visión externa y nuestro mundo interno. No podemos levantarnos a la mañana o cruzar la calle sin ser judíos. Soñamos sueños judíos y nuestras esperanzas son esperanzas judías. La mayoría de nuestras mejores palabras, como nuevo, aventura, sorpresa; único, individual, persona, vocación; tiempo, historia, libertad, progreso, espíritu; fe, esperanza, justicia, son regalos de los judíos.”

Pero de lejos, el juicio más fascinante sin embargo proviene de uno de los críticos más agudos del judaísmo, Friedrich Nietzsche:

Consideremos a los judíos bajo esta luz: todos ellos tienen un gran respeto por la lógica, que es la obligación del acuerdo por la fuerza de la razón; saben que con eso están destinados a vencer, aun cuando se encuentren con los prejuicios de raza y de clase… De paso, Europa les debe no poco agradecimiento por hacer que la gente piense más lógicamente y por establecer hábitos intelectuales más límpidos – ningunos más que los alemanes, que lamentablemente son una raza déraisonable, que hasta este día aun tienen necesidad de que les “laven la cabeza” primero. En las instancias en que los judíos han logrado tener influencia, han enseñado a los hombres a hacer distinciones más finas, inferencias más rigurosas, y a escribir de un modo más pulcro y luminoso; su tarea ha sido la de llevar a la gente a “escuchar la raison.” (1)

Este es un tributo llamativo de lo que en la política británica llamarían “el líder de la oposición.”

Se podría pensar que las ideas que introdujo el judaísmo en el mundo habrían pasado a ser parte de la herencia común de la humanidad, o por lo menos de Occidente, y que ya fueran, como dijo Jefferson, “auto-evidentes”. Pero no es el caso. Algunas se han perdido con el correr del tiempo; otras, Occidente nunca las comprendió. Eso es lo que espero explorar en este año de estudios, por dos razones:

La primera fue la sugerida por el mismo Nietzsche. Él quería que Occidente abandonara la ética judeo-cristiana a favor de lo que él llamó “la voluntad de poder”. Ese fue un error desastroso. No hay nada original en la voluntad de poder. Ha existido desde los tiempos de Caín y la consecuencia es un permanente derramamiento de sangre. Pero Nietzsche tuvo razón en un aspecto: la gran alternativa es el judaísmo. La elección que enfrenta la humanidad en cada era está entre la idea del poder y el poder de las ideas. El judaísmo ha creído siempre en el poder de las ideas, y sigue siendo la única forma no violenta de cambiar el mundo.

La segunda razón no es política ni filosófica, sino personal. Algunas ideas cambian una vida. Cada semana trataré de presentarles una, de la parashá. Si cambiamos nuestra forma de pensar, podemos cambiar la forma de sentir, que a su vez cambia la forma de actuar y cambia la persona que seremos. Las ideas cambian vidas, y grandes ideas nos ayudarán a tener coraje, felicidad y vivir vidas con bendición.

 

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  1. Nietzsche, The Gay Science, traducido con comentario por Walter Kaufmann, New York, Vintage, 1974, 291

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