Rabino Sacks Vayetse 5775 – El amor no es suficiente

Traductor: Ana Barrera

Editor: Marcello Farias

El amor no es suficiente

Vayetse – 2014 / 5775

Rabino Sacks Vayetse 5775 [PDF] 

El judaísmo es supremamente una religión de amor: de tres amores. “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser.” “Amarás a tu prójimo como te amas a ti mismo.” Y “Amarás al extranjero, porque una vez tú fuiste extranjero en un tierra extraña”. (1)

No solo es el judaísmo una religión de amor. Fue la primera civilización en poner al amor en el centro de la vida moral. C.S. Lewis y otros señalaron que todas las grandes civilizaciones contienen algo como la regla de oro: actúa con otros como quieres que ellos actúen hacia ti, (2) o en la formulación negativa de Hillel: No le hagas a otros lo que odiarías te hicieran a ti (3). Esto es lo que los teóricos de juegos llaman altruismo recíproco o “ojo por ojo”. Algo de esto (especialmente la variante ideada por Martin Novak de Harvard llamó “generosa”) ya ha sido probado a través de simulación por computadora ser la mejor estrategia para la supervivencia de cualquier grupo.

El judaísmo es también sobre justicia. Albert Einstein habló sobre “el casi amor fanático por la justicia” que lo hizo agradecer a sus estrellas la suerte de haber nacido judío (5). El único lugar de la Torah para explicar por qué Abraham fue elegido para ser el fundador de una nueva fe dice: “He aquí que lo he elegido para que él instruya a sus hijos y su familia después de él a conservar la forma del Señor haciendo lo que está bien y es justo” (Gen. 18:19). Entonces ¿por qué la combinación de justicia y amor? ¿Por qué sólo el amor no es suficiente?

Nuestra parsha contiene un pasaje cautivante de sólo unas pocas palabras que nos dan la respuesta. Recuerden el fondo de Jacob, huyendo de su hogar, está refugiándose con su tío Labán. Él se enamora de Rajel, la hija menor de Labán. Trabaja durante siete años para poderse casar con ella. En la noche de bodas se practica sobre él un engaño. Cuando se levanta a la mañana siguiente descubre que ha sido casado con Leah, la hermana mayor de Rajel. Muy furioso, confronta a Labán. Labán responde que “En nuestro lugar no se casa la menor primero que la mayor.” Le dice a Jacob que se puede casar con Rajel también, si trabaja otros siente años.

Entonces leemos, o más bien escuchamos, una serie de palabras conmovedoras. Para entender su impacto tenemos que recordar que en tiempos antiguos hasta la invención de la imprenta había pocos libros. Hasta entonces casi todas las personas (salvo aquellas paradas en la bimah) escucharon la Torah en la sinagoga. No la vieron impresa. La frase keriat ha-Torah realmente significa, no leyendo la Torah sino proclamándola, haciéndola una declaración pública (6).

Hay una distancia fundamental entre leer y escuchar en la forma en la que procesamos la información. Leyendo, podemos ver el texto completo – la oración, el párrafo – al mismo tiempo. Escuchando, no podemos. Escuchamos sólo una palabra a la vez, y no sabemos con avance cómo la oración o el párrafo terminará. Algunos de los más poderosos efectos literarios en la cultura oral ocurren con las palabras de apertura de una oración que nos llevan a esperar un final y en su lugar encontramos otro.

Estas son las palabras que escuchamos: “Y él (Jacob) amó también a Rajel” (Gen. 29:30). Esto es lo que esperábamos. Jacob ahora tiene dos esposas, hermanas, algo que sería prohibido después en la ley judía. Es una situación llena de tensión. Pero nuestra primera impresión es que todo estará bien. Él las ama a las dos.

Esa expectativa se rompe por la siguiente palabra, mi-Leah, “más que Leah”. Esto es meramente inesperado. También es gramaticalmente imposible. En una oración no puedes decir “X también amaba Y más que a Z” El “también” y el “más que a” se contradicen el uno al otro. Este es una de las raras y poderosas instancias en las que la Torah deliberadamente usa sintaxis fracturada para indicar una relación fracturada (7).

Entonces viene la siguiente frase que es chocante. “El Señor vio que Leah era odiada.” ¿Era Leah odiada? No. La oración previa nos dice que ella era amada. ¿Qué quiere decir entonces la Torah por “odiada”? Quiere decir, que así es como se sentía Leah. Si, ella era amada, pero menos que su hermana. Leah sabía, y ha sabido por siete años, que Jacob estaba apasionadamente enamorado de su hermana menor Rajel. La Torah dice que Jacob trabajó por ella siete años “pero para él parecían unos días porque él estaba muy enamorado de ella.”

Leah no era odiada. Ella era amada. Pero alguien en esa situación no puede más que sentirse rechazada. La Torah nos fuerza a escuchar el dolor de Leah en los nombres que les da a sus hijos. Al primero lo llama Rubén, diciendo “Es así porque el Señor ha visto mi miseria. Seguramente mi esposo me amará ahora.” Al segundo lo llama Shimon, “Porque el Señor ha escuchado que no soy amada.” Al tercero lo llama Levi, diciendo “Ahora finalmente mi esposo se apegará a mí.” (Gen. 29: 32-35). En estas palabras, ahí está sostenida la angustia.

Después escuchamos el mismo tono cuando Rubén, el primogénito de Leah, encuentra mandrágoras en el campo. Se pensaba que las mandrágoras tenían propiedades afrodisíacas, entonces él se las da a su madre esperando que esto apegue su padre a ella. Rajel, quien ha estado experimentando un dolor diferente, no tener hijos, ve las mandrágoras y le pregunta a Leah por ellas. Leah entonces dice: “¿No fue suficiente que me quitaras a mi esposo? ¿También tomarás las mandrágoras de mis hijos?” (Gen. 30:15). La miseria es palpable.

Nota lo que ha pasado. Empezó con amor. Ha sido sobre el amor en todas las partes. Jacob ama a Rajel. Él la amó a primera vista. No hay otra historia de amor como esta en la Torah. Abraham y Sarah ya estaban casados cuando los conocemos. Isaac tuvo una esposa elegida para él por el sirviente de su padre. Pero Jacob ama. Él es el más emocional de los patriarcas. Ese es el problema. El amor une pero también divide. Lleva al no amado, incluso al menos amado, a sentirse rechazado, abandonado, renegado, solo. Es por esto que no puedes construir una sociedad, una comunidad o incluso una familia sólo sobre amor. Debe haber justicia-como-rectitud también.

Si nosotros vemos las once veces que la palabra “amor”, ahava, es mencionada en el libro del Génesis nosotros hacemos un descubrimiento extraordinario. Cada momento que el amor es mencionado, genera conflicto. Isaac amaba a Esaú pero Rivka amaba a Jacob. Jacob amaba a José, el primogénito de Rajel, más que a sus otros hijos. De esto vienen las dos de las más fatídicas rivalidades fraternales en la historia judía.

Incluso estos empalidecen a la insignificancia cuando reflexionamos en la primera vez que la palabra amor aparece en la Torah, en las palabras de apertura del juicio de la atadura de Isaac y el libro de Job, diciendo que Satán, el ángel acusador, dijo a Dios cuando Abraham hizo un banquete para celebrar el destete de su hijo: “Lo ves, él ama a su hijo más que a ti” (8). Eso de acuerdo con el Midrash fue la razón para el juicio, para demostrar que la acusación de Satán no era cierta.

El judaísmo es una religión de amor. Lo es por profundas razones teológicas. En el mundo del mito los dioses eran a lo peor hostiles, en lo mejor indiferentes al ser humano. En el ateísmo contemporáneo el universo y la vida existen por ninguna razón. Somos accidentes de la materia, el resultado de una oportunidad ciega y selección natural. El enfoque del judaísmo es lo más bonito que conozco. Nosotros estamos aquí porque Dios nos creo en amor y perdón pidiéndonos que nos amemos y perdonemos a otros. Amor, el amor de Dios, está implícito en nuestro propio ser.

Muchos de nuestros textos expresan ese amor: el párrafo antes del Shemá con su charla sobre el “grande” y “eterno amor”. El Shemá en sí mismo es un mandato de amor. Las bendiciones sacerdotales que son pronunciadas en amor. Shir ha-Shirim, El Cantar de Cantares, el gran poema de amor. El Leja dodi de Shlomo Albajetz, “Ven, mi Amada”, el Yedid nefesh de Eliezer Azikri “Amor del alma”. Si quieres vivir bien, ama. Si buscas estar cerca de Dios, ama. Si quieres que tu casa esté llena de la presencia Divina, ama. El amor es donde Dios vive.

Pero el amor no es suficiente. No puedes construir una familia, sin hablar de la sociedad, sobre amor solamente. Pues también necesitas justicia. El amor es parcial, la justicia es imparcial. El amor es particular, la justicia es universal. El amor es para esta persona no para aquella, la justicia es para todos. Mucho de la vida moral se genera por esta tensión entre amor y justicia. No es un accidente que este sea el tema de muchas de las narrativas del Génesis. El Génesis es sobre personas y sus relaciones mientras que el resto de la Torah es predominantemente sobre la sociedad.

La justicia sin amor es dura. El amor sin justicia no es equitativo, o al menos eso parecerá para el menos amado. Aún así experimentar los dos al mismo tiempo es virtualmente imposible. Como Niels Bohr, el físico ganador del premio Nobel, lo pone cuando el descubrió que su hijo se había robado un objeto de una tienda local: el pudo mirarlo desde la perspectiva del juez (justicia) y como su padre (amor), pero no los dos al mismo tiempo.

En el corazón de la vida moral hay un conflicto que no tiene una resolución simple. No hay una regla general que nos diga cuando el amor es la reacción correcta y cuando lo es la justicia. En los 1960’s los Beatles cantaban “All you need is love” – todo lo que necesitas es amor. Ojalá fuera así, pero no lo es. Amemos, pero no olvidemos a aquellos que no se sienten amados. Ellos también son personas. Ellos también tienen sentimientos. Ellos también son la imagen de Dios.

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(1) Deuteronomio 6:5, Levítico 19: 18, y ver Levítico 19: 33-34.

(2) C. S. Lewis, The Abolition of Man (La Abolición del Hombre), New York, 1947.

(3) Shabbat 31a.

(4) Ver por ejemplo Martin Nowak y Roger Higfield, Súper Coperadores: Altruismo, Evolución y Matemáticas (o ¿Por qué nos necesitamos el uno al otro para tener éxito) – Super Cooperators: Altruism, Evolution and Mathematics (or, Why We Need Each Other to Succeed). Melbourne: Text, 2011.

(5) Albert Einstein, El Mundo como yo lo Veo – The World As I See It, New York: Philosophical Library, 1949.

(6) Esto tiene implicaciones halájicas. Keriat ha-Torah es, de acuerdo a la mayoría rishonim, jovat ha-tsibbur, una obligación comunal más que individual (diferente a la lectura de la Megillah en Purim)

(7) El ejemplo clásico es el verso intraducible en Gen. 4:8, en el que Caín mata a Abel. El rompimiento de palabras expresan el rompimiento de la relación que lleva al rompimiento de la moral y del primer asesinato.

(8) Rashi a Genesis 22: 1.

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