Vaera 5774 – Superando reveses

jonathan_sacksComentario del Rabino Jonathan Sacks, traducido del ingles por Ana Barrera.

Editor: Marcello Farias

Vaera 5774 – Superando reveses

Al inicio, la misión de Moisés parecía ser exitosa. Él había temido que el pueblo no creyera en él, pero Dios le había dado señales para realizar, y le dio a su hermano Aarón para que hablara por él. Moisés “hizo los señales delante del pueblo, y el pueblo le creyó. Y cuando el pueblo escuchó que el Señor estaba preocupado por él (pueblo) y había visto su miseria, el pueblo le reverenció y lo adoró.” (Ex. 4: 30-31?)

Pero entonces las cosas empezaron a ir mal, y continuaron yendo mal. La primera aparición de Moisés frente al faraón fue desastrosa. El faraón se niega a reconocer a Dios. El rechaza la petición de Moisés de dejar al pueblo viajar hacia el desierto. El faraón hace la vida peor para los israelitas. Ellos aún deben hacer la misma cuota de ladrillos, pero ahora también deben de juntar su propia paja. El pueblo va en contra de Moisés y Aarón: “¡Que el Señor vea sobre ustedes y los juzgue! Ustedes nos han hecho odiosos al faraón y sus oficiales y han puesto una espada en su mano para matarnos” (Ex 5:21).

Moisés y Aarón regresan al faraón para renovar su petición. Ellos realizan una señal – convierten un bastón en serpiente – pero el faraón no se impresiona. Sus propios magos pueden hacer lo mismo. Después ellos traen la primera de las plagas, pero otra vez el faraón nuevamente no se inmuta. El no dejará que los israelitas se vayan. Y entonces así sigue, nueve veces. Moisés hace todo lo que está en su poder y encuentra que nada hace la diferencia. Los israelitas siguen siendo esclavos.

Sentimos la presión bajo la que está Moisés. Después de su primer revés, y el final de la parsha de la semana pasada, él se vuelve a Dios amargamente y se queja: “¿Por qué Señor, porqué has traído problemas a este pueblo? ¿Es esta la razón por la que me mandaste? Desde que fui con el faraón a hablar en tu nombre, él ha traído problemas sobre este pueblo, y tú no has rescatado a tu pueblo del todo” (ex. 5: 22-23)

En la parsha de esta semana, incluso aunque Dios le ha tranquilizado que el eventualmente tendrá éxito, el responde, “Si los israelitas no me escuchan a mí, ¿por qué el faraón me escucharía, ya que hablo con labios vacilantes?” (Ex. 6:12)

Hay un mensaje duradero aquí. Liderazgo, incluso en el más alto de los órdenes, es a menudo marcado por el fracaso. Los primeros impresionistas tuvieron que arreglar sus propias exhibiciones porque sus trabajos fueron rechazados en los salones de París. La primera actuación de La consagración de la primavera de Stravinsky causó un alboroto, con la audiencia abucheando durante el ballet. Van Gogh vendió sólo una pintura en vida a pesar del hecho que su hermano Theo era un comerciante de arte.

Así es con los líderes. Lincoln enfrentó innumerables reveses durante la guerra civil. Él era una figura profundamente divisiva, odiado por muchos durante su vida. Gandhi falló en su sueño de unir musulmanes e hindúes en una sola nación. Nelson Mandela pasó veintisiete años en la cárcel, acusado de traición y visto como un agitador violento. Churchill fue visto como una fuerza política gastada en los 1930’s, e incluso después de su heroico liderazgo durante la Segunda Guerra Mundial perdió la primera elección general después de que la guerra terminó. Sólo en retrospectiva los héroes parecen heroicos y los muchos reveses que enfrentaron se revelan como piedras en un camino a la victoria.

En cada campo, alto, bajo, sagrado o secular, los líderes son probados no por sus éxitos sino por sus fracasos. Algunas veces puede ser sencillo tener éxito. Las condiciones pueden ser favorables. El clima económico, político o personal es bueno. Cuando hay un boom económico, muchos negocios florecen. En los primeros meses después de una elección general, el exitoso líder lleva con él o con ella el carisma de la victoria. En el primer año, casi todos los matrimonios son felices. No se necesitan habilidades especiales para tener éxito en tiempos buenos.

Pero entonces el clima cambia. Eventualmente siempre lo hace. Entonces es cuando muchos negocios y políticos, y matrimonios fallan. Hay tiempos cuando incluso los más grandes pueblos se tambalean. En muchos momentos, el carácter es testeado. Los grandes seres humanos no son aquellos que nunca fracasan. Son aquellos quienes sobreviven el fracaso, quienes siguen andando, quienes se rehúsan a ser vencidos, quienes no se dan por vencidos. Siguen tratando. Aprenden de cada error. Tratan al fracaso como una experiencia para aprender. Y cada vez que se rehúsan a fracasar, se vuelven más fuertes, sabios y más determinados. Esa es la historia de la vida de Moisés en la parsha de la semana pasada y de esta.

Jim Collins, uno de los más grandes escritores sobre liderazgo, lo expresa bien:

La firma de los verdaderamente grandes contra los meramente exitosos no es la ausencia de dificultad, sino la habilidad de regresar de los reveses, incluso catástrofes arrolladoras, más fuertes de lo que eran antes…..El camino hacia fuera de la oscuridad empieza con aquellos individuos exasperadamente persistentes quienes son constitucionalmente incapaces de capitular. Una cosa es sufrir una pasmosa derrota…..y otra completamente darse por vencido de los valores y aspiraciones que hacen valiosa la lucha prolongada. El fracaso no es un estado físico, sí es un estado de mentalidad; el éxito es caer, y levantarse una vez más, sin fin. (1)

Rabbi Yitzhak Hutner alguna vez escribió una ponderosa carta a un discípulo que se había desanimado por su repetido fracaso en dominar el aprendizaje del Talmud:

Una caída que muchos de nosotros sufrimos es cuando nos enfocamos en los altos logros de grandes personas, discutimos cómo ellos son completos en esta o en aquella área, mientras omitimos mencionar las luchas internas que ellos han tenido previamente consigo mismos. Una persona que escucha podría tener la impresión que estos individuos saltan de la mano de su creador en un estado de perfección…

El resultado de este sentimiento es que cuando un joven ambicioso de espíritu y entusiasmo encuentra obstáculos, falla y se hunde, se imagina a sí mismo indigno de ser “plantado en la casa de Dios”…

Que sepas, sin embargo, mi querido amigo, que tu alma está enraizada no en la tranquilidad de la buena inclinación, sino en la batalla de la buena inclinación….La expresión en inglés, “Pierde una batalla y gana la guerra”, aplica. Ciertamente tú tienes una caída y seguramente te caerás otra vez, y en muchas batallas caerás lastimado. Sin embargo, te prometo, que después de perder esas campañas, surgirás de la guerra con laureles de victoria sobre tu cabeza….El hombre más sabio dijo, “Un hombre justo cae siete veces, pero se levanta otra vez” (Proverbios 24:16). Los tontos creen que la intención del verso es enseñarnos que el hombre justo se cae siete veces, y que a pesar de esto, se levanta. Pero los conocedores son conscientes que la esencia de que el hombre justo se levante otra vez es a causa de sus siete caídas. (2)

El punto de Rabbi Hutner es que la grandeza no puede ser alcanzada sin fracaso. Hay alturas que no puedes subir sin haberte caído primero.

Por muchos años, mantuve en mi escritorio una cita de Calvin Coolidge, enviada por un amigo que sabía lo sencillo que es desanimarse. Decía, “Nada en este mundo puede tomar el lugar de la persistencia. El talento no lo hará: nada es más común que los hombres sin éxito con talento. El genio no lo hará; genio sin recompensa es casi un proverbio. La educación no lo hará: el mundo está lleno de vagabundos educados. Persistencia y determinación solas son omnipotentes”. Yo añadiría, “Y seyata diShmaya, la ayuda de los Cielos”. Dios nunca pierde la fe en nosotros, incluso si algunas veces nosotros perdemos la fe en nosotros mismos.

El supremo modelo es Moisés quién, a pesar de todos los reveses contados en la parsha de la semana pasada y de esta, eventualmente se convirtió en el hombre de quien fue dicho que tenía “ciento y veinte años cuando murió, y sus ojos brillaban y mostraban una energía sin cesar.” (Deut. 34:7).

Las derrotas, las demoras y las decepciones duelen. Duelen incluso para Moisés. Entonces si hay tiempos en los que nos sentimos desanimados y desmoralizados, es importante recordar que incluso las personas más grandes han fallado. Lo que las hace grandes es que siguieron adelante. El camino al éxito pasa a través de muchos valles de fracaso. No hay otra manera.

SacksSignature

(1). Jim Collins, How the mighty fall: and why some companies never give in, New York, Harper Collins, 2009, 123.

(2) R. Yitzhak Hutner, Iggerot u-Ketavim, 1998, no. 128, 217-18.

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