Mikketz 5774 – El Poder de los Sueños

jonathan_sacksComentario del Rabino Jonathan Sacks, traducido del ingles por Ana Barrera.

Editor: Marcello Farias

 

Mikketz 5774 – El Poder de los Sueños

En una de las más grandes transformaciones en toda la literatura, Yosef se mueve en un solo salto de prisionero a primer ministro. ¿Qué hay sobre Yosef – un completo forastero a la cultura egipcia, un “hebreo”, un hombre que había estado por años languideciendo en la cárcel sobre un falso cargo de violación – que lo marcó como un líder del más grandioso imperio del mundo antiguo?

Yosef tenía tres virtudes que muchos pueden tener aisladas pero pocos en combinación. El primero es que él tuvo sueños. Inicialmente no sabemos si sus dos sueños de adolescente – el de sus hermanos inclinándose hacia él, y del sol, la luna y once estrellas inclinándose ante él – son genuinos presentimientos de grandeza futura, o meramente la hiperactiva imaginación de un niño mimado con delirios de grandeza.

Sólo en la parsha de esta semana descubrimos una pieza vital de información que había sido retenido de nosotros hasta ahora. Yosef le dice al Faraón, quien también había tenido dos sueños: “La razón del sueño dado al Faraón en dos formas es que el asunto ha sido firmemente decido por Dios, y Dios lo hará pronto” (Gen. 41:32). Solo en retrospectiva nos damos cuenta que el sueño doble de Yosef era una señal de que este tampoco era meramente imaginación. Yosef realmente estaba destinado a ser un líder ante quien su familia se inclinaría.

Segundo, como Sigmund Freud muchos años después, Yosef podía interpretar los sueños de otros. Él lo hizo para el mayordomo y para el panadero en la prisión y, en la parsha de esta semana, para el Faraón. Sus interpretaciones no son ni mágicas ni milagrosas. En el caso del mayordomo y del panadero el recordó que en tres días sería el cumpleaños del Faraón (Gen. 40:20). Era la costumbre de los gobernantes hacer un banquete en su cumpleaños y decidir el destino de ciertos individuos (en Gran Bretaña, los honores por el cumpleaños de la Reina continúan con esta tradición). Era razonable entonces asumir que los sueños del mayordomo y del panadero se relacionaran con este evento y sus esperanzas y miedos inconscientes (Ibn Ezra y Bekhor Shor ambos hacen esta insinuación).

En el caso de los sueños del Faraón, Yosef puede haber conocido las tradiciones del antiguo Egipto sobre las hambrunas de siete años. Nahum Sarna cita un texto egipcio del reino del Rey Djoser (ca. siglo veinte AEC):

Yo estaba en angustia sobre el Gran Trono, y aquellos quienes están en el palacio estaban con aflicción en su corazón por un muy grande mal, desde que el Nilo no había venido en mi tiempo por un espacio de siete años. Los granos eran escasos, las frutas estaban secas, y todo lo que ellos comían era poco. (1)

El logro más impresionante de Yosef, sin embargo, fue su tercera virtud, la habilidad de implementar sueños, resolviendo el problema por el cual los sueños habían dado una advertencia temprana. Ni bien habló de la hambruna de siete años continuó sin pausa, a proveer de una solución:

“Ahora permitan al Faraón buscar un hombre sabio y perspicaz y pónganlo a cargo de la tierra de Egipto. Dejen que el Faraón nombre comisionados sobre la tierra para tomar un quinto de la cosecha de Egipto durante los siete años de abundancia. Ellos deberán juntar toda la comida de estos buenos años que están por venir y almacenar el grano bajo la autoridad del Faraón, para que se mantenga en las ciudades para comerlo. Este alimento debe ser retenido en reserva para el país, para ser usado durante los años de hambruna que vendrán a Egipto, para que el país no sea arruinado por la hambruna” (Gen. 41: 33 – 36)

Hemos visto a Yosef el brillante administrador antes, tanto en la casa de Potifar y en la prisión. Era la virtud, demostrada en el preciso momento, que le llevó a ser nombrando Virrey de Egipto.

De Yosef, entonces, aprendemos tres principios. El primero: tener sueños. Nunca tengas miedo de dejar que vuele tu imaginación. Cuando las personas vienen a mí por consejo sobre liderazgo les digo que se den a sí mismos el tiempo, espacio e imaginación para soñar. En los sueños descubrimos nuestra pasión, y siguiendo nuestra pasión  es el mejor modo de vivir una vida gratificante. (2)

Soñar es muy a menudo pensado como impráctico. No lo es: es una de las cosas más prácticas que podemos hacer. Hay personas que pasan meses planeando unas vacaciones pero ni siquiera un día planeando una vida. Ellos se dejan llevar por los vientos del azar y la circunstancia. Eso es un error. Los sabios dicen, “Donde sea (en la Torah) que encontramos la palabra vayehi. ‘Y sucedió que’, siempre es un preludio a la tragedia” (3) Una vida vayehi es una en la que nosotros pasivamente dejamos que las cosas pasen. Una vida yehi (“Deja que sea”) es una en la que nosotros hacemos que las cosas pasen, y son nuestros sueños los que nos dan dirección.

Theodor Herzl, a quien más que otra persona le debemos la existencia del Estado de Israel, solía decir “Si tienes la voluntad, entonces no es un sueño”. Una vez escuché a una maravillosa historia de Eli Wiesel. Hubo un tiempo en el que Sigmund Freud y Theodor Herzl vivieron en el mismo distrito de Viena. “Afortunadamente”, el dijo, “ellos nunca se conocieron. ¿Puedes imaginar lo que hubiera pasado si se hubieran conocido? Theodor Herzl  hubiera dicho: Yo tuve un sueño de un estado judío. Freud le hubiera respondido: Dígame, Sr. Herzl, ¿por cuánto tiempo ha tenido este sueño? Recuéstese en mi sillón y lo psicoanalizaré.  Herzl se hubiera curado de sus sueños y ahora no tendríamos un estado judío.” Afortunadamente, el pueblo judío nunca se ha curado de sus sueños.

El segundo principio es que los líderes interpretan los sueños de las personas. Ellos pueden articular lo inconcluso. Ellos encuentran una forma de expresar las esperanzas y los miedos de una generación. El discurso “Yo tengo un sueño” de Martin Luther King era sobre tomar las esperanzas de los afroamericanos y darles alas. No eran los sueños de Yosef los que lo hacían un líder: eran los del Faraón. Nuestros propios sueños nos dan la dirección; los sueños de otros son los que nos dan la oportunidad.

El tercer principio es: encontrar una forma de implementar los sueños. Primero ver el problema, después encontrar una forma de solucionarlo. El Kotzker Rebbe alguna vez trajo la atención a una dificultad en Rashi. Rashi (to Ex. 18:1) dice que a Jethro le había sido dado el nombre de Jether (“él añadió”) porque “él añadió un pasaje a la Torah empezando (con las palabras), “Elija de entre el pueblo…” Esto fue cuando Jethro vio a Moisés liderar solo y le dijo que lo que hacía no era bueno: él llevaría a sí mismo y al pueblo al agotamiento.  Entonces él debería de elegir a personas buenas y delegar mucho del peso del liderazgo en ellos.

El Kotzker apuntó que el pasaje que Jethro añadió a la Torah no empieza “Elija de entre el pueblo”. Empezó muchos versos antes cuando él dijo, “Lo que estás haciendo no es bueno”- La respuesta que dio el Kotzker era simple. Decir “Lo que estás haciendo no es bueno” no es una adición a la Torah: es meramente señalar un problema. La adición consiste en la solución: delegar.

Los buenos líderes están, o se rodean a ellos mismos con, solucionadores de problemas. Es fácil ver lo que está yendo mal. Lo que hace a un líder es la habilidad de encontrar una forma de arreglarlo. El genio de Yosef no estaba en predecir siete años de plenitud seguidos por siete años de hambruna, sino en divisar un sistema de almacenamiento que pudiera asegurar suministros de comida en los que apoyarse en los años de hambre.

Soñar sueños; entender y articular los sueños de otros; y encontrar formas de volver un sueño en realidad – estas tres virtudes son el liderazgo en el camino de Yosef.

 

SacksSignature

 

  1. Nahum Sarna,Understanding Genesis, New York, Schocken, 1966, 219.
  2. Uno de los textos clásicos es Ken Robinson, The Element: How Finding Your Passion Changes Everything, Penguin, 2009.
  3. Megillah 10

 

 

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