Haciendo y escuchando (Mishpatim 5783)

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Una de las frases más famosas de la Torá hace su aparición en la parashá  de esta semana. Ha sido mencionada para caracterizar la fe judía en su  totalidad. Consiste en dos palabras: na´asé venishmá, literalmente, «Haremos y  escucharemos» (Ex. 24: 7). ¿Qué significa esto y por qué es importante para  nosotros? 

Hay dos interpretaciones famosas, una antigua y otra moderna. La  primera aparece en el Talmud Babilónico (1) donde es mencionado para  describir el entusiasmo y la disposición favorable de los israelitas para aceptar el  pacto con Dios en el Monte Sinaí. Cuando le dijeron a Moshé, “Todo lo que ha  hablado Dios haremos y escucharemos”, estaban realmente diciendo que en  efecto: Cualquier cosa que nos pida Dios, haremos – diciendo esto antes de oír cualquiera de los mandamientos. La palabra “escucharemos” implica que aún  no habían escuchado los Diez Mandamientos, ni ninguna de las leyes que  siguieron y que se detallan en esta parashá. Tanta predisposición tenían para  acatar Sus requerimientos que los aceptaron sin saber en qué consistían. (2) 

Esta lectura, adoptada por Rashi en su comentario sobre la Torá,  presenta dificultades porque requiere que la lectura de la narrativa esté fuera  del orden cronológico (utilizando el principio de que “no hay antes ni después  en la Torá”). Los eventos del capítulo 24, según esta interpretación ocurren  antes del capítulo 20, donde está la descripción de la revelación en el Sinaí y los  Diez Mandamientos. Ibn Ezra, Rashbam y Rambam disienten con Rashi y leen  los capítulos en orden cronológico. Para ellos las palabras na´asé venishmá no  significan “haremos y escucharemos” sino simplemente “haremos y  obedeceremos”. 

La segunda interpretación – no en el sentido directo del texto pero aun así  importante – se ha empleado frecuentemente en el pensamiento judío moderno.  Según esta versión, na´asé venishmá significa “haremos y  comprenderemos”(3). De ahí se llega a la conclusión de que el judaísmo sólo  puede comprenderse actuando, cumpliendo con los mandamientos y viviendo  una vida judía. En el comienzo está el acto. (4) Sólo después viene la captación,  la internalización, la comprensión. 

Ésta es una señal y un punto esencial. El pensamiento Occidental  moderno tiende a poner las cosas en un orden inverso. Tratamos de entender a  qué nos comprometemos antes de aceptar el compromiso. Eso está perfecto si se  trata de firmar un contrato, comprar un teléfono celular o encargar una  suscripción, pero no para asumir un compromiso existencial profundo. La única forma de comprender el liderazgo es liderando. La única forma de comprender  el matrimonio es casándose. La única forma de entender si una carrera profesional es buena para uno, es probar durante un determinado tiempo. Aquellos  que caminan por la cornisa de asumir un compromiso sin tomar la decisión  hasta que estén claras todas las circunstancias, verán que mientras tanto se les  fue la vida (5). La única forma de comprender un estilo de vida es asumir el  riesgo de vivirlo (6). Por lo tanto puede entenderse naasé venishmá: “Haremos, y eventualmente, después de una práctica extendida y larga  exposición, comprenderemos.” 

En mi Introducción a Convenio y Conversación de este año sugerí una  tercera interpretación bastante distinta, basada en el hecho de que los israelitas  son descritos en la Torá ratificando el pacto tres veces: la primera antes de  escuchar los Mandamientos y después dos veces más. Hay una diferencia  fascinante en la manera en que la Torá describe las dos primeras respuestas y  luego la tercera: 

Todo el pueblo junto respondió “Haremos (naasé) todo lo que el  Señor nos dijo” (Ex. 19:8) 

Cuando Moshé fue y le dijo al pueblo las palabras y leyes del  Señor, contestaron con una sola voz: “Todo lo que el Señor ha dicho, haremos (naasé)” (Ex. 24:3) 

Entonces tomó el Libro del Pacto y se lo leyó al pueblo. Ellos  respondieron  “haremos y escucharemos (naasé venishmá) todo lo que el Señor ha dicho.”  (Ex. 24:7) 

Las primeras dos respuestas, que se refieren solo a la acción (naasé) se  expresan unánimemente. El pueblo responde “todo junto” y lo hacen “con una  sola voz”. La tercera, que hace referencia no solo al hacer sino también al  escuchar (nishmá) no implica unanimidad. “Escuchar” en este punto significa  muchas cosas: oír, prestar atención, comprender, internalizar, responder y  obedecer. Se refiere, en otras palabras, a lo espiritual, la dimensión interior del  judaísmo. 

De aquí se desprende una consecuencia importante. El judaísmo es una 

comunidad de hacer más que de “escuchar”. He aquí un código de autoridad de  la ley judía: cuando se refiere a la halajá, la forma de hacer del judaísmo  requiere consenso. 

Por el contrario, aunque existen indudablemente principios en la fe judía,  en lo referente a la espiritualidad, no hay un único enfoque normativo. El  judaísmo ha tenido sus sacerdotes y profetas, racionalistas y místicos, filósofos y  poetas. El Tanaj, la Biblia hebrea habla con una multiplicidad de voces. Isaías  no era Ezequiel. El libro de Proverbios proviene de una mentalidad distinta a la  de los libros de Amós y Oseas. La Torá contiene ley y narrativa, historia y visión  mística, ritual y rezo. Hay normas de cómo deben actuar los judíos, pero no de  cómo deben pensar y sentir. 

Experimentamos a Dios de diferentes maneras. Algunos lo hallan en la  Naturaleza, en lo que Wordsworth llamó “una sensación sublime / De algo  mucho más profundamente fusionado, / cuya morada es la luz de los soles  ponientes, / y el océano redondo y el aire viviente”.(7) Otros lo encuentran en las  emociones interpersonales, en la experiencia de amar y ser amado – lo que Rabí  Akiva expresó cuando dijo que en el verdadero matrimonio “la Divina presencia  se encuentra” entre el esposo y su mujer. 

Algunos encuentran a Dios en el llamado profético: “Que la justicia baje  como un río y la rectitud como un impetuoso arroyo” (Amós 5: 24). Otros Lo  encuentran en el estudio, “regocijándonos con las palabras de Tu Torá… pues  son nuestra vida y la extensión de nuestros días; en ellas meditaremos día y noche.”(8) Aún otros Lo encuentran en la plegaria, descubriendo que Dios está  cerca de todos los que lo llamen de verdad. 

Están los que encuentran a Dios en alegría, danzando y cantando como  hizo el Rey David cuando llevó el Arca Sagrada a Jerusalén. Otros – o las  mismas personas en distintos momentos de sus vidas – Lo encuentran en las  profundidades, en lágrimas y remordimientos y en el corazón quebrado.  Einstein encontró a Dios en la “atemorizante simetría” y la complejidad  ordenada del universo. El Rav Kook Lo encontró en la armonía de la diversidad;  el Rav Soloveitchik en la soledad del ser cuando se extiende hacia el alma del  Ser mismo. 

Hay una forma normativa de hacer lo sagrado, pero hay muchas formas  de escuchar a la voz sagrada, de encontrar su sagrada presencia, de sentir al  mismo tiempo nuestra pequeñez y la grandeza del universo que habitamos, y  qué insignificantes debemos parecer ante lo vasto del espacio y la miríada de  estrellas.  Pero también sentimos cuán fundamentalmente significativos somos,  sabiendo que Dios ha puesto su imagen y semejanza en nosotros, aquí, en este  lugar, en este tiempo, bajo estas circunstancias, con una tarea a cumplir si es  que nosotros somos capaces de discernirla. Podemos encontrar a Dios en las  alturas y en las profundidades, en soledad y junto a otros, con temor y amor,  con luz enceguecedora y en medio de la oscuridad más profunda. Podemos encontrar a Dios buscándolo, pero a veces Él nos encuentra cuando menos lo  esperamos.

Ésa es la diferencia entre naasé y nishmá. Cumplimos las órdenes de  Dios “todos juntos”. Respondemos a sus mandamientos “con una sola voz”. Pero  escuchamos la presencia de Dios de muchas maneras, porque aunque Dios es  Uno, nosotros somos todos diferentes, y cada uno Lo encuentra a su manera.


  1. ¿Por qué es importante que, como comunidad, sigamos los mismo comportamientos y acciones, por ejemplo, al seguir la halajá?
  2. ¿Por qué no puede existir un camino único de conectarse con Dios y la espiritualidad?
  3. El Rabino Sacks menciona varios caminos a Dios en su ensayo. ¿Cuál de ellos te resuena?¿Has encontrado otros caminos hacia Dios?

Fuentes

  1. Shabat 88 a-b 
  2. Existen, naturalmente, distintas interpretaciones acerca de la aceptación de  los israelitas. De acuerdo a una de ellas, Dios “suspendió la montaña sobre  ellos”, dándoles la opción de aceptar o morir. (Shabat 88 a) 
  3. La palabra ya tiene este significado en el hebreo bíblico, como en la historia  de Babel, donde Dios dice: vamos a confundir su lenguaje, de tal forma que  no puedan comprenderse entre ellos. 
  4. Esta es la famosa frase de Fausto de Goethe. 
  5. Esto es similar al planteo de Bernard Williams en su famoso ensayo “Moral  luck” donde hay ciertas decisiones – el ejemplo que trae es la decisión de  Gauguin de dejar su carrera y su familia para ir a pintar a Tahití – donde no  se puede saber si la decisión tomada es la correcta hasta haberla hecho y ver  cómo resulta. Toda decisión existencial de este tipo involucra un riesgo. 
  6. Éste, incidentalmente es el enfoque Verstehen de la sociología y la  antropología, en el sentido de que estas disciplinas no pueden  comprenderse desde afuera, deben experimentarse desde adentro. Esta es  una de las principales diferencias entre las ciencias sociales y las naturales.
  7. William Wordsworth, “Lines Composed a Few Miles Above Tintern Abbey, on Revisiting the Banks of the Wye during a Tour, July 13, 1798.”
  8. De la bendición antes del Shemá dicha en la plegaria de la noche.

Traductores

Carlos Betesh