El horizonte lejano (Bo 5781)

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Para poder vislumbrar la particular lección sobre liderazgo de la parashá de esta semana,  con frecuencia pido a la audiencia que participe en un experimento. Imagina que eres el líder de un pueblo esclavizado y oprimido que ha sufrido el exilio durante más de dos siglos. Ahora, después de una serie de milagros, está por ser liberado. Los reúnes y te diriges a ellos. Están esperando ansiosamente tus palabras. Este es el momento definitorio que ellos nunca olvidarán. ¿De qué hablarás?

La mayoría de las personas dicen: de la libertad. Esa fue la decisión de Abraham Lincoln en su discurso de Gettysburg en el que invocó la memoria de “una nueva nación, concebida en libertad.” y anhelar un “nuevo nacimiento de la libertad.”[1] Algunos sugieren que inspiraría al pueblo describiendo la tierra de destino “en la que mana leche y miel.” Pero otros dijeron que advertirían al pueblo sobre los peligros y desafíos que encontraría, o lo que Nelson Mandela llamó “la larga caminata hacia la libertad.”[2]

Cualquiera d estos temas podría haber sido el gran discurso de un gran líder. Guiado por Dios, Moshé no enunció nada de eso. Y eso fue lo que lo convirtió en un gran líder. Examinando el texto de la parashá Bo verán que en tres ocasiones se refirió al mismo tema: los niños, la educación y el futuro distante.

Y cuando tus hijos te pregunten “¿Qué significa este ritual?” les responderás: “Es el ritual de Pesaj de sacrificio para el Señor, porque Él salteó las casas de los israelitas en Egipto cuando golpeó a los egipcios, pero salvó nuestras casas.”

Éxodo 12:26-27

Y le explicarás a tu hijo en ese día: “Es por lo que el Señor hizo por mí cuando me liberó de Egipto.”

Éxodo 13:8

Y cuando, en el tiempo en que eso ocurra, tu hijo te pregunte “¿Qué significa esto?” le dirás: “Fue con mano fuerte que el Señor nos sacó de Egipto, de la casa de la esclavitud.”

Éxodo 13:14

Es uno de los actos más inesperados de la historia del liderazgo. Moshé no habló de hoy o de mañana. Habló del futuro distante y del deber de los padres de educar a sus hijos. Hasta insinuó – así lo entendió la tradición judía – que debemos incentivar a los niños a hacer preguntas, de tal manera que el manejo de la herencia judía no sea un aprendizaje de memoria sino que resulte del diálogo activo entre padres e hijos.

Por todo esto, el judío fue el único pueblo de la historia que predicó su supervivencia en base a la educación. El deber más sagrado de los padres era enseñar a sus hijos. Pesaj se transformó en un seminario continuo en el traspaso de la memoria. El judaísmo se transformó en la religión en la que sus héroes eran maestros y cuya pasión era el estudio y la vida de la mente. Los habitantes de la mesopotamia erigieron los zigurats. Los egipcios, las pirámides. Los griegos, el Partenón. Los romanos, el coliseo. Los judíos construyeron escuelas. Es por eso que solo ellos, de todas las civilizaciones del mundo antiguo, aún perduran, vivos y fuertes, continuando con la vocación de sus ancestros, su herencia intacta y sin disminución.

La introspección de Moshé fue profunda. Sabía que no se puede cambiar el mundo solo mediante lo externo, como la arquitectura monumental, los ejércitos o los imperios, o el uso de la fuerza o del poder. ¿Cuántos imperios han nacido y han desaparecido, mientras que la condición humana permanece sin transformación ni redención?

Hay una sola manera de cambiar el mundo, y es mediante la educación. Es necesario enseñar a los niños la importancia de la justicia, la rectitud, la bondad y la compasión. Debes enseñarles que la libertad solo puede sustentarse por las leyes y la práctica de autocontención. Es necesario recordarles constantemente las lecciones de la historia: “Fuimos esclavos  del Faraón en Egipto” porque los que olvidan la amargura de la esclavitud podrán perder el compromiso y el coraje de luchar por la libertad. Y debes estimular a los hijos para que pregunten, desafíen y discutan. Debes respetarlos para que ellos sepan respetar los valores que quieres inculcarles.

Esta es una lección que la mayoría de las culturas no ha aprendido después de más de tres mil años. Las revoluciones, protestas y guerras civiles todavía se llevan a cabo, alentando al pueblo a pensar que con remover a un tirano o tener una elección democrática se terminará la corrupción, habrá libertad, y eso conducirá a la justicia y al imperio de la ley – y todavía la gente se sorprende y se decepciona cuando eso no se produce. Lo único que ocurre es un cambio de rostros en los pasillos del poder.

En uno de los grandes discursos del siglo XX, un distinguido juez norteamericano, Learned Hand, dijo:

A veces me pregunto si no basamos nuestras esperanzas excesivamente en las constituciones, las leyes y las cortes. Son falsas esperanzas; créanme, esas son falsas esperanzas. La libertad yace en el corazón de los hombres y las mujeres; cuando ahí muere, no hay constitución, ley ni corte que la salve; ninguna constitución, ley, ni corte puede hacer nada, ni aún para salvarla.[3]

Lo que Dios le enseñó a Moshé fue que el verdadero desafío no está en lograr la libertad; está en sostenerla, manteniendo vivo el espíritu de libertad en el corazón de las sucesivas generaciones. Esto solo puede lograrse mediante un permanente proceso de educación. Tampoco es algo que pueda delegarse en los maestros, en las escuelas. Una parte debe formularse en la familia, en el hogar, y con la sagrada obligación que proviene del deber religioso. Nadie vio esto con mayor claridad que Moshé, y solo debido a sus enseñanzas es que los judíos y el judaísmo han sobrevivido.

Lo que hace a la grandeza de los líderes es que piensan en el más allá, preocupándose no por el mañana ni el año que viene ni la década siguiente ni en la próxima generación. En uno de sus discursos más sutiles, Robert Kennedy habló sobre el poder de los líderes para transformar al mundo cuando tienen una visión clara del futuro posible:

“Algunos piensan que no hay nada que un hombre o una mujer pueda hacer frente a la enormidad de los males que afectan al mundo – la miseria, la ignorancia, la injusticia y la violencia. Pero muchos de los grandes movimientos del mundo del pensamiento y la acción han partido de la iniciativa de un solo hombre. Un joven monje inició la reforma Protestante; un joven general extendió un imperio desde Macedonia hasta los confines de la tierra; y una joven mujer recuperó el territorio de Francia. Fue un joven explorador italiano el que descubrió el Nuevo Mundo, y Thomas Jefferson, a los 32 años, proclamó que todos los hombres fueron creados iguales. ‘Denme un punto fijo para pararme’, dijo Arquímedes, ‘y moveré al mundo.’ Estos hombres movieron al mundo, y nosotros también podemos hacerlo.”[4]

El liderazgo visionario constituye el texto y la textura del judaísmo. En el libro de Proverbios se dice que “Sin una visión (jazón) la gente muere.” (Proverbios 29:18). Esa visión en la mente de los Profetas correspondía siempre al futuro a largo plazo. Dios le dijo a Ezequiel que un Profeta es un centinela, que asciende al punto de mayor altura para vislumbrar el peligro a la distancia, antes de cualquiera que esté a nivel de la tierra. (Ezequiel 33:1-6). Los sabios preguntaron “¿Quién es el sabio? El que ve las consecuencias a largo plazo (ha-nolad).”[5] Dos de los grandes líderes del siglo XX, Churchill y Ben Gurion, también fueron distinguidos historiadores. Conociendo el pasado, podían anticipar el futuro. Eran como los grandes maestros de ajedrez quienes, por haber estudiado miles de partidas, advierten casi de inmediato los peligros y las posibilidades según la posición de las piezas en el tablero. Saben lo que ocurrirá si hacen una movida u otra.

Si quieres ser un gran líder en cualquier disciplina, desde Primer Ministro hasta padre o madre, es esencial pensar a largo plazo. Nunca elijas la opción más fácil por ser simple o rápida o por dar una satisfacción inmediata. Al final pagarás un precio muy alto.

Moshé fue el líder más grande porque pensó más allá que cualquier otro. Sabía que el verdadero cambio del comportamiento humano requiere del esfuerzo de muchas generaciones. Por eso debemos darle la máxima prioridad a educar a nuestros hijos para que compartan nuestros ideales, y para que lo que nosotros comencemos, ellos lo puedan continuar hasta que el mundo cambie porque nosotros hemos cambiado. Él sabía que si quieres planificar para un año, planta arroz .Para una década, planta un árbol. Si lo quieres para la posteridad, educa a un niño.[6] La lección de Moshé, treinta y tres siglos más tarde, sigue vigente.


  1. ¿Cómo hizo la educación judía para asegurar la supervivencia del judaísmo?
  2. ¿Qué piensas que tiene mayor influencia sobre los niños, lo que aprenden en la casa o lo que aprenden en la escuela?
  3. ¿Cuáles son los temas que crees que deben abordar los líderes para iniciar una planificación a largo plazo?

[1] Abraham Lincoln, “El discurso de Gettysburg” (Cementerio Militar Nacional en Gettysburg, Pensilvania, 19 de Noviembre de 1863).

[2] Nelson Manldela, El largo camino a la libertad: la autobiografía de Nelson Mandela (Back Bay Books, 1995).

[3] Learned Hand, “El espíritu de la libertad” – Discurso en la ceremonia “Día de yo soy Americano”, Central Park, Nueva York (1 de mayo de 1944).

[4] The Poynter Institute, The Kennedys: America’s Front Page Family (Kansas City, Mo., Andrews McMeel, 2010), 112.

[5] Tamid 32a.

[6] Frase atribuida a Confucio.


Traductores

Carlos Betesh

Editores

Abraham Maravankin